En Chicago, una ciudad con una larga historia de organización laboral donde industrias enteras dependen del trabajo de inmigrantes, las violaciones suelen ser parte de lo cotidiano: cheques que no llegan, horarios que cambian sin aviso, lesiones que no se reportan.

Jorge Mújica, organizador de derechos laborales desde hace décadas, ha pasado años escuchando esas historias. 

Lleva más de 50 años en este trabajo. Empezó en zonas industriales en México, organizando a trabajadores de fábrica y ayudando a formar sindicatos en espacios con pocas protecciones. Hace más de tres décadas se mudó a Chicago donde siguió con el mismo trabajo y fue entre los primeros en ofrecer educación sobre derechos laborales en español. También ha sido parte de movilizaciones importantes por los derechos de los inmigrantes, incluyendo las marchas del “Día Sin Inmigrantes” en 2006, que llevaron a cientos de miles de personas a las calles, y las que ya se preparan para este mayo.

Los trabajadores llegan a él de distintas formas: por un familiar, por un compañero, por un mensaje en Facebook. A veces es alguien a quien ayudó hace tiempo. A veces es alguien que no sabe si lo que está viviendo es ilegal, solo que algo no está bien. 

Con los años, ha ayudado a recuperar millones de dólares en salarios robados. Pero los resultados no son parejos, y el proceso es lento. Los casos se alargan —a veces son meses, a veces años.  Para Mújica, el problema no es complicado. La gente trabaja y debería poder vivir con dignidad. Que muchas veces no sea así, dice, tiene que ver con algo más básico: quién tiene el poder y quién no.

En esta conversación con el Weekly, explica qué derechos tienen en realidad los trabajadores, cómo funcionan esos derechos en práctica y por qué, para muchos, el miedo sigue presente en su trabajo.

La siguiente entrevista ha sido ligeramente editada para mayor claridad.

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¿Cuánto tiempo tiene usted trabajando en derechos para trabajadores?

Toda mi vida, más de 50 años. Aquí en Arise voy a cumplir 14 años, pero empecé a trabajar en esto desde México, desde que salí de la escuela, con los sindicatos mexicanos en las áreas industriales en la Ciudad de México.

Se llama la zona industrial Vallejo Azcapotzalco. Haz de cuenta Bedford Park. En Bedford Park viven 500 personas y trabajan 15,000 trabajadores. Una zona, así, típica industrial. Ahí trabajé con trabajadores de General Foods, con trabajadores automotrices. Después en mi propio trabajo entré a trabajar a una editorial—en ese tiempo era la editorial más grande de América Latina, el Fondo de Cultura Económica—y ahí organicé yo el sindicato.

Creamos después una organización no lucrativa, el Centro de Salud Laboral, para asesorar a trabajadores en cuestiones de higiene y seguridad, particularmente dedicado a eso. No existía nada como la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), digamos; no había ningún tipo de límite, nada.

Entonces nos tocó participar mucho en esas tareas, y ya luego me vine para acá precisamente a trabajar en eso mismo, en higiene y seguridad con trabajadores latinos aquí en Estados Unidos. En ese entonces ya había la necesidad de hacer todo este trabajo en español, y no había nadie que lo hiciera. Cuando llegué a Chicago no había organizaciones de educación obrera, excepto los sindicatos, y educaban sólo a sus miembros.

Yo empecé a hacer educación sobre higiene y seguridad en el trabajo en la American Lung Association en Chicago pero cancelaron el programa porque dijeron que sólo debíamos hablar de no fumar en el trabajo y no de organizar “ilegales”.

Jorge Mújica comenzó a organizarse por los derechos laborales en México hace más de 50 años. Foto: Tonal Simmons.

Usted lleva más de 50 años en este trabajo ¿qué es lo que lo ha mantenido en él?

¿Terquedad?

Pues el hecho de que siempre hay injusticias y que he aprendido que se pueden combatir y que le puedo enseñar a la gente a combatirlas. Mientras se pueda luchar, ahí seguiremos.

Si tienes un trabajo de tiempo completo, debías tener la posibilidad de vivir regularmente, no pasar hambres ni problemas de poder pagar la renta o no poder alimentar a tus hijos. Un trabajo debería ser suficiente para poder vivir con tu familia y no lo es, por avaricia de los patrones. No lo es porque solo piensan en hacer dinero, no en distribuir su riqueza.

¿Cuáles son las formas más comunes en que los patrones se aprovechan de trabajadores indocumentados en Chicago?

El hecho de que los patrones sepan que el trabajador es indocumentado y abuse de ello. Eso es lo que vemos más frecuentemente—patrones que le dicen a sus trabajadores que como no tienen documentos, entonces tampoco tienen derechos; que como no tienen documentos, les van a pagar en efectivo—menos del salario mínimo. Eso lo vemos con frecuencia. Pero bueno, el hecho de que estén indocumentados no debe influir.

¿Qué tipo de resultados han visto con ese trabajo?

Arise ha recuperado aproximadamente $10 millones en salarios faltantes, salarios robados. Algunas veces han sido cantidades pequeñas, $500, $800 y en algunas ocasiones han sido cientos de miles de dólares. Yo tuve un caso cercano a $250,000 recuperados para trabajadores de un lavado de carros.

 Hubo una represalia contra trabajadoras que se querían organizar en un gimnasio. Los despidieron y el despido fue ilegal. Los despidieron porque querían organizarse en el trabajo. Es ilegal que te despidan por hablar de tus salarios, por hacer demandas y ahí recuperamos $1 millón en salarios perdidos para los trabajadores.

Acabamos ahorita de terminar un caso de $150,000 para tres trabajadoras despedidas en Bedford Park. Igual, las despidió el patrón ilegalmente y entonces resolvió el caso a su favor como $50,000 para cada una en compensación.

Hay trabajadores que los programan para trabajar toda la semana, los siete días corridos. Ahí no te están causando un tremendo daño, pero están violando la ley y entonces ahí el departamento de trabajo le da un coscorrón en la cabeza al patrón y lo multa con $100 por cada vez que lo hizo. Entonces ahí no hay gran cantidad de dinero, pero se trata de que se ejerza la ley. Tardó aproximadamente seis meses. Fue bastante rápido. Bastante rápido. El caso de los trabajadores del car wash que te decía tardó nueve años.

¿Por qué tanto tiempo?

Se tardó nueve años porque ese caso pasó del Departamento Federal del Trabajo al Departamento Estatal Illinois, de ahí a la procuraduría, al Attorney General de Illinois, de ahí a la corte, de ahí a la corte de bancarrota. Y finalmente la corte de bancarrota llevó nueve años.

¿Cuáles son los derechos laborales más importantes que deben conocer los trabajadores independiente de su estatus migratorio?

Lo primero que deben saber es que ninguna ley del trabajo distingue entre ciudadano y no ciudadano. Ninguna ley del trabajo dice “trabajador indocumentado” o nada. Trabajador es trabajador, y punto, y…tienen los mismos derechos. El hecho de no tener documentos de ninguna manera quiere decir que no haya derechos laborales.

¿Los trabajadores indocumentados pueden denunciar el robo de salarios o condiciones de trabajo inseguras sin arriesgar consecuencias migratorias?

Todas las leyes se aplican a todos los trabajadores. La mayoría de las leyes prohíben tomar represalias en caso de ejercerlas. Es decir, yo pido mis días de enfermedad y el patrón me las niega y me dice que me va a castigar. Eso es una represalia. Cualquier trabajador bajo la ley está protegido contra esas represalias.

En la realidad, claro, que no sucede y tendrás que pelear el despido además de pelear las vacaciones o los días de enfermedad o además de pelear las horas que no te pagó pero eso no solamente a los trabajadores indocumentados. A cualquier trabajador lo pueden despedir a menos que tenga un sindicato.

El hecho de ser indocumentado en el estado de Illinois previene al patrón de amenazarte con tu estatus migratorio. El patrón no tiene derecho de ninguna manera de sacar a relucir tu estatus migratorio para impedirle ejercer tus derechos. Si tú pides tus días de enfermedad, el patrón no te puede decir, “los indocumentados no tienen días de enfermedad.” Eso es una doble ilegalidad. No solo te está negando el derecho que establece la ley, sino además te está amenazando por tu estatus migratorio.

Sin embargo, siempre hay que recordar que un trabajador indocumentado no tiene derecho al trabajo. Literalmente hablando, no está autorizado para trabajar. Entonces, cualquier día el patrón igual te puede decir, “estás despedido y ya te vas,” no tienes recurso contra ello. No te está discriminando. No es una discriminación despedir, pero la discriminación puede estar en que sea una represalia.

¿Qué debe hacer una persona si su patrón amenaza con llamar a ICE o usa su estatus migratorio como forma de intimidación?

Para que exista la figura de la represalia, tú tienes que haber hecho algo primero. Si no, no es represalia. Yo estaba calladito en mi lugar y el patrón pasó por ahí y me dijo algo. Bueno, eso no es ninguna represalia.

Si yo le dije al patrón que lo iba a denunciar, si yo le exigía al patrón que cumpliera la ley, si yo metí una queja con una agencia de gobierno y el patrón me hace algo, entonces ahí sí el patrón está ejerciendo una represalia.

Si yo le digo al patrón que me pague mis horas extras y el patrón me dice que no me las paga porque yo soy indocumentado, de nuevo, doble violación. Una porque no me ha pagado mis horas extras y otra porque me está amenazando con mi estatus migratorio. Pero yo tengo que hacer algo primero.

¿Los trabajadores indocumentados tienen derecho al salario mínimo, pago de horas extra y compensación laboral si sufren una lesión en el trabajo?

Todos los trabajadores en Illinois tienen derecho a la compensación obrera. Por supuesto que tienen derecho al salario mínimo, tienen derecho al pago de horas extras regulares, tienen derecho a sus propinas, tienen derecho a todas las demás cosas que establecen las leyes. Particularmente en el caso de la compensación obrera en Illinois, no importa el estatus del trabajador.
Pero eso es en el estado. Si cruzas para Indiana, ya no tienes derecho. Cada estado maneja su propia compensación obrera y allá sí ponen atención al estatus del trabajador.

¿A dónde pueden acudir los trabajadores si están enfrentando abusos?

Los trabajadores pueden acudir a las agencias de gobierno. Existe el Departamento de Derechos Humanos para discriminaciones, el Departamento del Trabajo para cuestiones salariales, faltas de pago, violaciones a la ley, a las leyes distintas. Pueden acudir también a los centros de trabajadores como nosotros—Arise Chicago—un centro de trabajadores. Educamos a los trabajadores, los apoyamos en sus luchas, los organizamos.

Pueden acudir también con sindicatos. El sindicato es una organización permanente de los trabajadores para estar efectivamente vigilando que se cumpla la ley y para conseguir mejores beneficios. Nosotros siempre tratamos de empezar por la educación de los trabajadores.

Jorge Mújica ha trabajado cerca de 14 años en Arise Chicago, el 20 de marzo de 2026. Foto: Tonal Simmons.

¿Cómo funciona ese proceso de educación?

Talleres de derechos. Los trabajadores nos llaman diciendo “tengo un problema” y en vez de estar con ellos una hora por teléfono, uno por uno, les decimos: vengan por favor el próximo miércoles al taller de derechos en el trabajo. Hay veces que llega gente que los hace trabajar los siete días. Adecuamos los talleres a las necesidades del grupo.

¿Qué consejo le daría a trabajadores que tienen miedo de denunciar abusos?

Que las leyes no protegen el miedo. No hay ninguna ley que diga que los trabajadores miedosos tienen protección. Lo que las leyes dicen es que el trabajador que denuncia sí tiene protección contra las represalias, pero primero hay que acusar al patrón.

No se puede uno quedarse callado y después argumentar que lo despidieron en represalia. Eso no funciona así. Hay que actuar y hay que actuar en grupo. Los derechos individuales no necesariamente están protegidos; los derechos colectivos sí.

¿Cuáles son las consecuencias de quedarse callado?

Cuando los trabajadores se quedan callados terminan siendo despedidos sin posibilidad de pelear el despido. Si demandan, protestan, se quejan, adquieren protección legal. Las leyes no protegen el miedo, protegen las acciones. Y cuando se quedan callados sus problemas siguen para siempre.

¿Qué cambios de política pública serían necesarios para proteger mejor a los trabajadores?

Convertir en crímenes las violaciones laborales. Es decir, convertir el robo de salarios en un crimen que se castigue con cárcel, dependiendo de la cantidad. Como en el robo. En Nueva York han avanzado en eso; ahí ya se puede tipificar como crimen el robo de salarios. Pero aquí no. También tendría que haber un procurador que realmente lo haga.

En Illinois, ¿cómo se clasifican legalmente las violaciones laborales, como el robo de salarios?

Se clasifican como una deuda. El patrón contrae una deuda porque el trabajador trabaja y no le han pagado. Olvídalo, es uno de los problemas más grandes que tenemos en el caso de salarios robados, porque en Estados Unidos los salarios robados son una deuda y entonces no puedes meter a la cárcel a ningún patrón. Se robe lo que se robe. Si quiero no le pago a mis trabajadores se me acusan, hay un juicio, el juez dice que les tengo que pagar y no les pago y a ver, hazme pagar.

Usted mencionó que muchas personas trabajan tiempo completo y aun así no pueden vivir ¿qué cree que eso hace a la gente con el tiempo?

El trabajo es peligroso para la salud. Por eso desde 1886 se dijo: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para hacer lo que queramos. Ese sigue siendo el lema. No se vale trabajar de por vida, vivir en la miseria y morir así.

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Alma Campos es la reportera de inmigración y editora de proyectos del Weekly.

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