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Traducido por Gisela Orozco

Tras siete meses de huelga, el 21 de enero los miembros del sindicato Teamsters del Local 705 de la planta de Mauser Packaging Solutions en Millard Avenue, en el vecindario de La Villita, llegaron a un acuerdo para poner fin a la huelga.

Los trabajadores iniciaron la huelga en junio y la mantuvieron incluso después de que Mauser cerrara la planta en noviembre.

Según Nicolás Coronado, asesor legal del Teamsters Local 705, el acuerdo permite que veinte conductores sindicalizados —que no participaron en las negociaciones del contrato pero se unieron a la huelga en solidaridad con los trabajadores de producción— conserven sus puestos de trabajo. Los 120 trabajadores de producción recibirán una indemnización equivalente a una semana de salario por cada año trabajado en Mauser. Algunos recibirán hasta $36,000.

El acuerdo también incluye una cláusula que reconoce al Teamsters Local 705 como representante sindical en cualquier planta de Mauser en Chicago que pueda abrir en el futuro y que se dedique al reacondicionamiento de contenedores, como lo hacía la planta de Millard.

Si bien los trabajadores de producción podrán solicitar empleo en otras plantas de Mauser, no tendrán preferencia alguna.

Mauser no respondió a las solicitudes de comentarios.

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La planta de Millard Mauser, que la empresa cerró en noviembre, está ubicada en la esquina de 32nd Street y Millard Avenue, bordeada por las vías del tren y frente a casas residenciales y un terreno baldío de grava. Era una de las tres plantas de Mauser en el vecindario, aunque fue la única que vivió una huelga.

Antes del cierre de la planta de Millard Avenue, las tensiones se habían acumulado durante meses. La huelga comenzó en junio para conseguir un nuevo convenio colectivo que abordara las condiciones inseguras, las temperaturas extremas, el equipo de protección inadecuado, los bajos salarios y las redadas de inmigración.

Según representantes de Mauser, las pérdidas de ingresos derivadas de la huelga, junto con las crecientes violaciones de la seguridad, la salud y el medio ambiente, contribuyeron a la decisión de cerrar la planta.

Incluso después de que Mauser anunciara el cierre de su planta en Millard Avenue, los trabajadores continuaron la huelga para presionar a la gerencia para que reabriera la planta y negociara un convenio colectivo o una indemnización para los trabajadores despedidos.

Mantener la huelga durante tanto tiempo requirió un gran esfuerzo por parte de los trabajadores.

Arturo Landa trabajó en la planta de Millard durante más de doce años. Miembro del sindicato, delegado sindical y miembro de Teamsters desde 2019, durante meses llegaba a la planta a las 5:30 a.m. Tomaba su café y montaba una carpa azul de Teamsters 705 al otro lado de la calle de la planta a las 6 a.m., con un calefactor encendido para proporcionar calor y un área de descanso para los miembros en huelga.

Landa, mecánico de segunda categoría que ascendió desde la inspección de contenedores de acero pintados hasta la supervisión del proceso de pintura y la gestión de siete empleados, había estado en la primera línea de la huelga desde que comenzó en junio. Era el primero en llegar y el último en irse. Durante todo el día, Landa se aseguraba de que los más de 140 miembros en huelga tuvieran lo que necesitaban, ya fuera protección contra las inclemencias del tiempo o gas propano para Scabby, la enorme rata inflable.

Letreros colocados en la cerca que rodeaba el terreno baldío donde estaba instalada la carpa advertían a los agentes federales de inmigración que tenían prohibido entrar en la propiedad privada.

En diciembre, una docena de miembros del sindicato Teamsters estaban en huelga cerca de la intersección suroeste de las avenidas Archer y Cicero cuando fueron acosados ​​por el jefe de la Patrulla Fronteriza y de Aduanas, Gregory Bovino, y una docena de agentes.

Un video publicado en Instagram por el Local 705 muestra a Bovino acompañado por un equipo de prensa y varios agentes, algunos vestidos con equipo táctico completo y otros de civil con chalecos antibalas.

En el video, Bovino se reía mientras los agentes interrogaban a los trabajadores sobre su estatus migratorio. Los trabajadores, que previamente habían recibido capacitación sobre sus derechos por parte de la organización de derechos laborales Arise Chicago, mantuvieron la calma y nadie fue detenido. Sin embargo, el incidente generó preocupación entre los trabajadores por posibles encuentros futuros con agentes federales.

Según Landa, prohibir la entrada de agentes de inmigración a la propiedad de Mauser protege a todos los trabajadores, particularmente porque la fuerza laboral de Mauser es predominantemente latina, y dado que la empresa continúa sus operaciones en otras instalaciones cercanas donde los miembros del sindicato Teamsters podrían ser recontratados o transferidos.

Los miembros solicitaron lo que Coronado describió como el “mínimo indispensable”, pidiendo que se incluyera en el contrato una cláusula de protección migratoria que garantizara a los empleados de Mauser que la empresa los protegería y los mantendría a salvo, impidiendo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) o la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) entraran al lugar de trabajo sin una orden judicial firmada.

Sin embargo, dado que la planta de Mauser Millard no volverá a abrir, no se llegó a un nuevo convenio colectivo y los trabajadores no obtuvieron protección contra las redadas migratorias.

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La huelga comenzó justo cuando estaba por expirar el convenio colectivo del Sindicato Local 705 de Mauser.

La planta reciclaba contenedores de acero sucios que en algún momento habían contenido uno de los treinta y seis productos que cumplían con la política de aceptación de contenedores de Mauser. Los productos químicos en estos contenedores variaban desde amoníaco hasta benceno, incluyendo materiales tóxicos. Como planta de reciclaje, los empleados reacondicionaban los contenedores utilizando un horno que quemaba los residuos contaminantes antes de que fueran pintados y enviados de regreso a los clientes.

Según Coronado, los empleados trabajaban con materiales tóxicos sin la ventilación adecuada. Landa explicó que cuando la temperatura exterior rondaba los 90 grados, a menudo hacía entre 10 y 15 grados más dentro de la planta debido a los hornos de combustión que alcanzaban hasta los 1,000 grados Fahrenheit.

“Ellos [Mauser] nos mostraban una aplicación de la OSHA (Administración de Seguridad y Salud Ocupacional) en su teléfono celular y decían: ‘Aquí marca 94 grados. Hasta que no marque 95, no podemos darles un descanso de 15 minutos por hora’”, recordó Landa que le decía la gerencia. Comentó que los empleados expresaban su preocupación porque la aplicación sólo mostraba la temperatura exterior y no la temperatura interior en la que trabajaban.

Los inviernos eran especialmente duros para los trabajadores encargados de limpiar los contenedores. Debido al frío, la planta mantenía las ventanas cerradas.

“Había humo, polvo e incluso teníamos que respirar pintura”, dijo Landa. “Había muchísima contaminación”.

Landa afirmó que el humo y el polvo no se disipaban hasta la noche, cuando los trabajadores terminaran su jornada laboral. Añadió que el equipo de protección personal (PPE) proporcionado a los empleados era inadecuado y les causaba ardor e irritación en los ojos, la nariz y la garganta.

En una publicación en redes sociales, Dante Woodson, miembro del sindicato Teamsters de Mauser, describió las temperaturas extremas en la planta de Millard, con calor sofocante en verano y frío intenso en invierno.

“Me enfermé gravemente porque trabajaba en condiciones de calor extremo y, en lugar de recibir atención y adaptaciones, recibí amenazas de despido”, declaró Woodson.

Según Landa, la arena fina utilizada para limpiar los contenedores cortaba la piel de los trabajadores cuando las máquinas no funcionaban correctamente. Durante los meses fríos, la manguera utilizada para aspirar la arena se congelaba, lo que provocaba que el aire del lugar de trabajo se llenara de polvo.

Una búsqueda en los registros de la OSHA de la planta de Mauser en Millard y de su subsidiaria, BWAY Corporation, que comparte la misma dirección, reveló al menos una docena de inspecciones cerradas desde 2019 y un caso adicional de 2025, abierto, relacionado con una amputación. En uno de los incidentes cerrados, un empleado sufrió la amputación de la punta de dos dedos.

En otra ocasión, un trabajador estaba descargando contenedores de un remolque cuando se sintió mal y se le puso la cara roja antes de perder el conocimiento. Otras infracciones incluyeron inspecciones realizadas por personal no certificado, riesgos de resbalones y caídas, exposición de los empleados a riesgos de aplastamiento, que resultó en fracturas, y la falta de capacitación continua para los empleados.

Según los resúmenes de infracciones de la OSHA, entre 2019 y 2025 la planta de Millard acumuló casi $200,000 en multas. La mayoría de las infracciones se clasificaron como violaciones de seguridad y salud. En el estado de Illinois, Mauser y BWAY han registrado un total combinado de veinte informes de lesiones graves, once trabajadores hospitalizados y catorce trabajadores que sufrieron amputaciones. Los registros muestran que seis de estos incidentes con amputaciones ocurrieron en la planta de Millard.

Los representantes de Mauser en la mesa de negociación expusieron a los miembros diversas razones para el cierre de la planta de Millard, incluyendo la disminución de los ingresos debido a la huelga y el aumento de las infracciones de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y de la OSHA.

Coronado afirmó que, a pesar del cierre de la planta, el trabajo continuó. “Pensábamos que la empresa iba a cerrar definitivamente. Pero hasta el día de hoy, vemos camiones de Mauser saliendo de esa instalación en Millard, continuando con las operaciones”, destacó.

Según Coronado, Mauser utilizó agencias de trabajo temporal y desvió parte del trabajo que realizaba la planta de Millard a una instalación alquilada cerca de Archer Road y Cicero Avenue. Allí, explicó, se clasificaban los contenedores antes de ser enviados fuera del estado a Ohio y Michigan, donde se reacondicionaban.

Antes de que Millard anunciara su cierre, los miembros del sindicato Teamsters de Mauser solicitaron un contrato de tres años con un aumento salarial de 1 dólar por hora cada año. Mauser contraofertó con 65 centavos en el primer año y un aumento de 50 centavos en cada año posterior. “Eso ni siquiera alcanza para comprar sopa instantánea Maruchan”, destacó Landa.

Sintiéndose presionados para votar y alarmados por las tácticas intimidatorias de Mauser, que incluían cartas enviadas a los domicilios de los miembros, en las que se afirmaba falsamente que los Teamsters querían el cierre de la planta, el Local 705 rechazó por unanimidad la oferta de la empresa.

La huelga de Chicago no fue la primera acción laboral en Mauser el año pasado. En abril, los miembros del Local 117 de Teamsters en la planta de la compañía en Seattle fueron despedidos temporalmente durante las negociaciones del contrato.

Mauser Packaging Solutions posee y opera más de 180 plantas en veinte países y cinco continentes. Se formó en 2018 mediante la fusión de las empresas BWAY, MAUSER Group, National Container Group e Industrial Container Services, algunas de las cuales datan del siglo 19. Mauser produce y reacondiciona envases de metal, plástico, fibra y materiales híbridos para industrias de todo el mundo.

“Cuando llegó Mauser, nos dijeron que seríamos como una familia, que estaríamos unidos”, reflexionó Landa. “Pero durante la huelga estuvimos aquí, soportando las altas temperaturas y ahora el frío, y nos dimos cuenta de que no les importábamos”.

“Me alegra que estos trabajadores puedan cerrar este capítulo de sus vidas. Deberían sentirse muy orgullosos de sí mismos por haber defendido sus derechos”, destacó Coronado.

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José Abonce es el director sénior de programas de la Chicago Neighborhood Policing Initiative y periodista independiente especializado en inmigración, seguridad pública, política y raza.

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