Photo Courtesy of the National Public Housing Museum
Photo Courtesy of the National Public Housing Museum

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Traducido por Regina Favela

Poco después de graduarse de la secundaria Al Raby en el vecindario de East Garfield Park, Shakira Johnson, de veinticuatro años, comenzó a trabajar como coordinadora de oficina en el National Public Housing Museum (NPHM), el Museo Nacional de Vivienda Pública en español. Sus deberes consistían de contestar teléfonos, fijar el calendario, procesar donaciones, y aveces dar “tours”.

Como residente de vivienda pública, Johnson quiso trabajar en el museo para poder algún día contar su historia. “Lo que la gente sabe sobre la vivienda pública a veces no es algo bueno. Yo quería enseñar que haber crecido en viviendas públicas era ser parte de una comunidad, una familia,” dijo.

Johnson pronto se dio cuenta que la mejor manera para contar su historia era ayudar a otros a contar la suya. Hace tres años, empezó a trabajar como historiadora oral para el museo, entrevistando a residentes de vivienda pública para crecer el archivo digital del museo. “Aprendiendo más sobre lo que significa escuchar a alguien compartir [la historia de] su vida, me di cuenta lo importante que es preservar esas historias,” ella dijo.

El COVID-19 ha puesto el trabajo de Johnson de cabeza. En vez de entrevistar gente frente a frente, ahora manda grabadoras de audio por correo con una lista de preguntas preparadas. Pero la pandemia también ha brindado nuevas oportunidades para que el museo contribuya a la comunidad, como regalar mascarillas y comestibles a residentes de edificios de vivienda pública en Oakwood, Cabrini-Green, y a los vecinos de Johnson en los apartamentos de Westhaven Park.

“No queremos que la gente nos dé sus historias y luego que nosotros nos olvidemos de ellos,” Johnson dijo.

Mientras los museos en Illinois luchan para mantenerse vigentes, el NPHM ha ingeniado maneras para ayudar directamente a las personas cuyas historias pretende preservar, reforzando su visión de cómo un museo debería verse en un mundo después de la pandemia.

“La pandemia ha aumentado los esfuerzos para descolonizar museos, de hacer preguntas críticas sobre cuáles miembros de la comunidad son la responsabilidad del museo, sin importar si pueden pagar la entrada o no,” dijo Lisa Yun Lee, la directora ejecutiva del museo.

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Como con cualquier negocio que depende de las reuniones físicas, la pandemia ha desafiado los museos en Illinois

Entre marzo y mayo, los museos despidieron 183 empleados y perdieron $14 million en ingresos, de acuerdo a una encuesta de veintiséis museos en el estado por la organización Arts Alliance of Illinois. Esos museos proyectaron tener que despedir otros noventa y tres y perder $13 millones más en ingresos para finales de junio. El estado dejó que los museos abrieran a un cuarto de su capacidad en julio, pero algunos permanecieron cerrados, incluyendo el Adler Planetarium, el cual despidió 120 empleados en mayo para que pudiera “sobrevivir”, de acuerdo a un declaración publicada en ese entonces.

Ejecutivos de los museos han dicho que esas despedidas son principalmente debidas a los altos costos generales y averiguar cómo adherir a los protocolos de distanciamiento social. 

El National Public Housing Museum no tiene ninguno de estos  problemas.

El museo recientemente aseguró un préstamo federal de $47,000 del Programa de Protección de Pago (PPP), que les permite seguir pagándole a sus nueve empleados y seis pasantes hasta el fin de año. “Hicimos un compromiso temprano que no dejaríamos ir a nadie”, dijo Lee. 

Y aún después de una década de recaudación de fondos, el museo no ha asegurado suficiente dinero para mudarse a su hogar permanente: un edificio de ladrillo de tres pisos y entablado  en la calle Taylor en el vecindario de Little Italy, el único sobreviviente de los hogares Jane Addams, el primer complejo de viviendas públicas en Chicago. El edificio fue erigido en 1938 por la Administración de Proyectos Públicos del Presidente Franklin D. Roosevelt y fue desocupado en 2002. 

El museo deseaba mudarse al edificio vacante a fines de 2018, según el Chicago Reader. Pero un artículo del Sun Times de junio de ese año reportó que el museo no abriría hasta 2019. Bloomberg CityLab después reportó en diciembre que el museo retrasó su gran apertura hasta 2021

Lee tiene esperanzas que podrán mudarse en 2021. El museo requiere $3 millones más para alcanzar su meta de recaudación de fondos de $15 millones, gracias a una reciente subvención de $50,000 por el National Endowment for the Arts y una subvención de $2 millones del estado de parte del plan capital de Rebuild Illinois de $45 mil millones promulgado el año pasado. 

Mientras la pandemia desproporcionadamente destroza comunidades afroamericanas y latinas de clase trabajadora en Chicago donde condiciones de vivienda con mucha gente hacen que el virus se extienda  más fácilmente Lee tiene esperanzas que la misión del museo de “preservar, promover, e impulsar el derecho de todas las personas a un lugar donde puedan vivir y prosperar” resonará con los donantes.

“COVID ha hecho que la gente se dé cuenta de  que la salud pública depende de tener viviendas asequibles para todos”, dijo. “La historia de las viviendas públicas está al centro de esas discusiones.”

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Desde el brote de la pandemia, el museo ha trasladado su programación en línea. Recién organizó una enseñanza de dos horas y media sobre el fideicomiso de tierras (land trusts) con L. Anton Seals, Jr., mayordomo principal de Grow Greater Englewood. Y el mes pasado, el museo transmitió sobre Facebook las historias orales de varios ex residentes afroamericanos prominentes de viviendas públicas de Chicago, incluyendo Francine Washington, miembro de la junta de comisionados de la Chicago Housing Authority (CHA), y el representante Bobby Rush, quien creció en los Hilliard Homes en Bronzeville. 

Johnson entrevistó a Rush en su oficina en el Capitolio en Washington, D.C., en 2018. Como todas sus entrevistas, Johnson dijo que haberse criado en viviendas públicas la ayudó a conectarse más fácilmente con Rush sobre sus propias experiencias viviendo en edificios que fueron dejados a pudrirse. “Todavía existe un estigma en torno a las viviendas públicas que a veces dificulta que la gente hable [de sus experiencias]”, dijo Johnson. 

Lee argumenta que las protestas masivas en contra de la respuesta del gobierno a la pandemia ha reducido un poco ese estigma. 

“Pienso que estamos entrando a una nueva etapa de viviendas públicas”, ella dijo. “La palabra ‘pública,’ que comenzaba a difamarse como una palabra sucia, se ha revitalizado a medida que la gente tiene menos miedo de exigir más de sus gobiernos.”

Pero Johnson y Lee dijeron que no están  esperando ver si ella tiene razón. 

“Cuando salimos y entregamos cubrebocas o despensa o a simplemente hablar con las personas, sé que esto es parte de lo que el museo intentó ser, aunque no aparezca algo que haría un museo”, dijo Johnson. 

“Cuando le digo a la gente que trabajo para un museo, no es lo que esperan.”

Lee y su personal tiene planes grandes para el hogar permanente del museo. Visualizan  un espacio dentro del edificio para programación pública como conciertos y poesía hablada; un centro de emprendimiento para organizaciones sin fines de lucro y grupos de justicia social; y un patio atrás lleno de esculturas de animales de Edgar Miller de los 1930 que fueron removidas del sitio a principios de la década de 2000 para su restauración.

Pero lo más importante, Johnson imagina un museo que no se detiene. 

“La mayoría de los museos son lugares donde se exhiben cosas viejas, las miras, y estás callado. No creo que nuestro mueso será así”, dijo.

Esta historia fue producida en colaboración con el Centro Pulitzer. Para más historias sobre el efecto de COVID-19 en los museos, por favor visite el Proyecto de los Museos Estatales de la Pradera en prairiestatemuseumsproject.org.

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Carlos Ballesteros es un periodista nacido y criado en Chicago. A principios del verano se unió a Injustice Watch, una sala de redacción sin fines de lucro centrada en cubrir el sistema de justicia penal. Antes de eso, Carlos pasó dos años en el Chicago Sun-Times como miembro de Report for America. Carlos fue el co-capitán del vecindario de Pilsen para la edición especial Best of the South Side 2019 de South Side Weekly.

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