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Comunidad, nostalgia, y vaporú

Una reseña de 'Citizen Illegal', un libro de poesía de José Olivarez

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Citizen Illegal, que en español se traduce a “Ciudadano Ilegal”, es la primera colección de poesía de José Olivarez. Olivarez es poeta, educador e intérprete que vive en Chicago. Su colección, que fue publicada en 2018, explora el racismo, la inmigración y el sentido de comunidad de una manera que pocos escritores lo han hecho. Gran parte de su colección explora la complejidad de su identidad de primera generación en su familia que nació en los Estados Unidos, de ser hijo de inmigrantes y ciudadanos a la misma vez, y de su búsqueda por encontrar su propio camino.

Cuando Citizen Illegal salió a la venta hace cuatro años durante la Administración Trump, se sintió más oportuno que nunca. Esto fue durante políticas fronterizas draconianas y redadas de inmigración y por eso Citizen Illegal fue muy importante para la política de ese entonces como de ahora.

El título de la colección y su primer poema “(Ciudadano) (Ilegal)” pone en primer plano la legalidad de una persona, la asimilación y este conjunto contradictorio de identidades. Los paréntesis interrumpen el flujo de la estrofa, como imponiendo juicio político y social sobre las experiencias cotidianas.

“si el niño (ciudadano) (ilegal) crece (ilegal) y puede
solo escribir (ilegal) esta historia en inglés (ciudadano), ¿eso lo hace más
Estadounidense (ciudadano) o mexicano (ilegal)?
— “(Ciudadano) (Ilegal)”

El poema, “Mis padres se doblan como equipaje”, cuenta la historia de la migración de sus padres de México. El poema, “Mi familia nunca terminó de migrar, simplemente nos detuvimos” se centra en las narrativas de migración que resisten a las fuerzas fronterizas. Mientras tanto, el poema, “Desambiguación mexicoamericana”, desempaca el sentido de identidad que proviene de no ser mexicano, no ser estadounidense, sino algo más:

“Mis padres son mexicanos que no deben ser
confundidos con los mexicoamericanos
o chicanos. Soy un chicano de Chicago
lo que significa que soy un mexicoamericano
con un título universitario de lujo y algunos tatuajes”.
— “Desambiguación mexicoamericana”

“… mi mamá
era blanca en México y mi papá era mestizo
y después de cruzar la frontera se volvieron diversos.
y minorías. y étnico. y exótico
pero mis padres se dicen mexicanos,
que, otra vez, no deben ser confundidos con mexicanos
que viven en México…”
— Desambiguación mexicoamericana”

El poema, “Obituario mexicano americano” ve a Olivarez criticar a las comunidades latinas y porque no quieren reconocer la opresión de los negros y por querer convertirse en americanos o asimilarse.

“Juan, Lupe, Lorena murieron ayer hoy.
y morirán de nuevo mañana
pidiendole a los Negros que se mueran más calladitos
pidiéndole a los blancos que no nos apunten el arma”.
— “Obituario mexicano americano”

Uno de mis poemas favoritos personales, es “Entrevista”, una serie de respuestas diferentes a la pregunta “¿dónde es casa?” que captura el sentirse fuera de lugar en México, Nueva York y Chicago. Varios poemas exploran la culpa que conlleva ser de primera o segunda generación, lo que me resulta demasiado familiar como hija de inmigrantes. Esta emoción surge al vivir entre dos culturas a la misma vez y la presión que implica: recordar los sacrificios de la familia, la vida que dejaron atrás y la vida que tienen ahora.

Pero Olivarez no pasa todo su tiempo lamentando estas cuestiones de identidad. Más bien, celebra las experiencias de su vida cotidiana en su hogar. Olivarez, quien vivió en Calumet City, Illinois, es más que nada un poeta de Chicago. Hay un sentido de nostalgia que exige ser vista. Las papas fritas con queso, el vaporú y los fríos inviernos de Chicago son odas pequeñas que aparecen constantemente a lo largo de la colección.

El estilo de Olivarez es aficionado a los poemas escritos con letras minúsculas y el símbolo &, y trata la colección con un tono conversacional. Empecé algunos poemas riéndome y los terminé un poco triste por dentro. La portada describe el estilo de Olivarez como “usando un lenguaje cotidiano que invita al lector”, y esa puede ser la manera perfecta de describirlo.

Inspirado por el rap y el hip-hop y con experiencia en el spoken word, juega con el lenguaje de maneras nuevas e inventivas. La escritura de Olivarez se siente sincera, demasiado, como una conversación nocturna con un nuevo amigo. Sus poemas están entrelazados y retomando los temas de amor, la familia y la comunidad.

Los poemas de Olivarez constantemente aportan ironía y humor. Su imaginación le permite ser creativo con el lenguaje y la escena de sus piezas. A lo largo de la colección hay una serie de ocho poemas de “Cielo mexicano”, todos mostrando anacrónicamente el cielo y sus habitantes conocidos. Cada poema hace eco del otro a medida que avanza la colección. En las lecturas públicas, los lee todos juntos, pero en la colección, se dividen en partes y marcan el tono de cada nueva sección.

Olivarez superpone nuevos personajes e imágenes, representando a Jesús como su primo reencarnado que vive en la misma cuadra, San Pedro como Pedro dando la bienvenida a todos los mexicanos en la puerta, y a Dios como “uno de esos mexicanos religiosos” con quien los demás deben beber y fumar discretamente. A veces, el cielo está sucio porque las mujeres se niegan a limpiar. A veces, los mexicanos se meten a escondidas al cielo o se ven obligados a trabajar en la cocina hasta llegar a su propia versión del sueño americano. Pero claro:

“También hay gueros en el cielo.
construyen condominios al cruzar la calle
y les piden a los mexicanos que hablen inglés.
Estoy bromeando.
no hay gueros en el cielo”.
— “Cielo mexicano”

En muchos sentidos, imaginar lo fantástico informa cómo Olivarez cuenta sus historias. En una entrevista con el Museo de Escritores Americanos, Olivarez dijo que encontró inspiración de mentores negros. Aprendió sobre el afrofuturismo y habló sobre el potencial de las historias latinas. “Permítanme tratar de imaginar cómo podría ser un futuro para nosotros que no termine en muerte, asimilación o deportación”, dijo.

En “Genteficación”, Olivarez imagina lo opuesto de la gentrificación y lo escribe. Es un mundo imaginado donde la poeta Gwendolyn Brooks regresa a la tierra para oler tamales y donde se imparten talleres de poesía debajo de un árbol y el barrio está lleno de alegría. En lugar de ver a una comunidad desplazada, la gente regresa a casa para celebrar y juntarse como granos de arena.

“Toda la cuadra está viva
y no se vende. el tratado de guadalupe hidalgo
revocado.
está sucediendo en nuestra cuadra y tal vez está sucediendo en la tuya.
la mala noticia es que el presidente enviará la reserva nacional. La buena noticia es
que nunca nos encontrarán. empacamos todo
en la cajuela del Toyota Corolla, cuando la migra
venga,
sus perros ladran y babean, pero todo lo que encuentran son granos de arena.
— “Genteficación”

Citizen Illegal ofrece un recordatorio implacable de que el hogar no es un país, sino lo que hay entre las comunidades que nos dan vida. Basándose en escritoras como Gwendolyn Brooks y Sandra Cisneros, Olivarez logra crear representaciones de las vidas y comunidades que lo rodean y les da poder a pesar de sus condiciones sociopolíticas.

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Reema Saleh es periodista y estudiante de posgrado en políticas públicas de la Universidad de Chicago. La puede seguir en Twitter o Instagram en @reemasabrina. Previamente, entrevistó a la artista Akilah Townsend para el Weekly

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