Advertencia: Este artículo contiene spoilers.

La cumbia es un género musical presente en cada rincón de América Latina. Desde su nacimiento en Colombia en los siglos XVIII y XIX, se ha hecho sentir, declarando con firmeza: “Aquí estoy,” en países como Cuba, Argentina y, por supuesto, México. Y si hay algo que estos países tienen en común además de cumbia sabrosa es el espíritu de alegría. La cumbia, definida por su fusión de influencias africanas, indígenas y españolas, con percusiones hipnóticas y letras narrativas, es uno de los géneros principales que definen al sonidero: una celebración caribeña y un baile impulsados ​​por la comunidad. El documental de 2018 “Yo no soy guapo” de la directora veracruzana Joyce García, nos invita a las calles de Tepito, una comunidad de la Ciudad de México, mientras sus habitantes luchan por preservar los sonideros.

“Se me hizo como un universo muy rico, muy hermoso,” dijo García sobre su iniciación a la cultura sonidera tras mudarse desde el estado costero mexicano de Veracruz. En aquel entonces, García era estudiante de posgrado en la Ciudad de México, y su primer sonidero en la capital le recordó a su hogar.

Los sonideros surgieron a finales de la década de 1950 en los barrios obreros de la Ciudad de México, donde se armaban equipos de sonido potentes con bocinas de la gente del barrio, muchas veces de forma casual. De estos humildes orígenes nacieron los sonideros: maestros de ceremonias que mezclan salsa, guaracha y cumbia, y mandan saludos y dedicatorias si se los pides. Mucha gente hace y levanta cartulinas con mensajes en estos eventos, esperando que los lean por el micrófono.

La nostalgia que le produjo presenciar un sonidero invadió a García y la inspiró a documentarlo. Hablando con las manos, García explicó la masiva celebración al aire libre que se extiende por calles y avenidas de sonideros caseros que dan forma como un sistema de raíces de árboles operando en total cohesión. En el principio, pensó en capturar la celebración anual del barrio de Tepito que rinde homenaje a la Virgen de la Merced cada 24 de septiembre. La Virgen es un símbolo de liberación y a menudo se la conoce como la Madre de los cautivos.

La Colocha está detrás de la tornamesa con micrófono en mano enviando saludos la multitud en Ruidoteca en el Ramova loft en Bridgeport, Chicago, el 20 de marzo de 2026.
Crédito: Hansel G. García | @henselwl

“Yo venía de la fotografía fija, entonces empecé a hacer fotos, pero me quedaba muy corta”, García dijo, al explicar la necesidad de filmar en lugar de fotografiar el fenómeno cultural explosivo que estaba presenciando. Sin embargo, lo que comenzó como un proyecto para documentar la celebración rápidamente se convirtió en algo más urgente: un archivo de resistencia. “Yo No Soy Guapo” empieza como un retrato de la cultura sonidera, pero se transforma en una historia sobre el control del sonido, del espacio y de quién tiene permitido reunirse. En Tepito, y toda la república mexicana, e incluso en ciudades como Chicago, donde la cumbia sigue viva, esa lucha se siente familiar.

Aunque la película—el proyecto de García para la escuela de posgrado—se estrenó en Estados Unidos y México en 2018, se proyectó por primera vez en el barrio de Bridgeport, en Chicago, en Co-Prosperity el pasado marzo. Lumpen Radio y el colectivo Ruidosa presentaron el documental de 80 minutos, seguido de una sesión de preguntas y respuestas con García, facilitada por Stephanie “Soli” Herrera, de Ruidosa, y Citlalic “La Colocha” Jeffers Peña, DJ local y ampliamente reconocida. Ambas han contribuido de manera constante a la escena local de la cumbia en Chicago.

“Creo que, especialmente en la sociedad y el clima político en el que estamos viviendo, y con la administración actual, realmente necesitamos apoyarnos entre nosotros,” dijo Stephanie Manríquez, directora de Lumpen Radio.

La película sigue a Lupita “La Cigarrita” Guadalupe Tlacomulco mientras rastrea la historia de los sonideros, denuncia el machismo sin pelos en la lengua y moviliza a miembros de la comunidad en Tepito en la lucha por el derecho al espacio público. Su espíritu trascendió la pantalla, con el trabajo de otras mujeres en el centro tanto de la película como de la proyección.

Después de la función y el panel, los asistentes llevaron esa energía a una tocada sonidera completamente femenina, Ruidoteca, en el loft de Ramova, un recordatorio de que sin mujeres no hay movimiento. La Colocha, quien tocó en el set sonidero de Ramova, también co-conduce junto a Sonido Trumbull Shadow el programa dominical de radio en Lumpen, Potencia Sonidera, dedicado al diálogo en torno a la cultura sonidera.

“La idea es que sea como una extensión de este archivo, tratando de construir una especie de educación popular,” dijo La Colocha. Manríquez agregó: “Estamos viviendo algo que probablemente nuestros ancestros esperaban, que es cuidarnos entre nosotros, crear espacios donde nosotras, como mujeres, nos sintamos seguras, empoderadas, y donde no estemos compitiendo entre nosotras, sino elevándonos.”

Con esa misma intención, a través de Ruidosa, Soli ha organizado eventos de cumbia en espacios como Empty Bottle y Casa Café, y actualmente se encuentra preparando una próxima exposición de arte, “Cumbia Sin Fronteras,” centrada en la cultura sonidera. Estos esfuerzos buscan crear eventos accesibles que también incorporen componentes educativos que respeten y honren el crecimiento de la cultura.

“La idea de todo esto es que la gente experimente [los sonideros] como sería en la tierra de origen,” dijo Herrera. “Tratamos estos eventos con mucho cuidado, con mucha intención. Siempre nos aseguramos de que se mantengan auténticos.”

La necesidad de preservar la cultura en su forma más auténtica se alinea con el tema central de la película de García. Con cámara en mano, García muestra cómo el poder se ejerce para controlar y limitar quién puede usar los espacios públicos. En una escena impactante, captura a autoridades deteniendo los preparativos anuales para la celebración de la Virgen de la Merced. Uno de los funcionarios le informa a los asistentes que el vecindario no puede utilizar el espacio público para sonideros porque no cuentan con permisos.

La Cigarrita intenta razonar con las autoridades, explicando que incluso si solicitan permisos, no se los otorgarían. La policía no cede, insistiendo en que las celebraciones solo traerían crimen al vecindario. Aun así, en secreto, miembros de la comunidad intentan mantener la fiesta viva, hasta que finalmente son descubiertos.

Ese año, las celebraciones no fueron las mismas: la comida y la bebida no faltaron, pero la música, y el corazón, estaba ausentes.

Folleto de Ruidoteca para el evento sonidero en Ramova, el 20 de marzo de 2026. La ilustración central fue realizada por el tatuador chicano Brian Nazario.
Cortesía de Ruidosa.

“Creo que la película también se trataba sobre los intentos de borrar a las personas y de borrar su cultura al sacarlas de los espacios públicos,” dijo La Colocha, subrayando las realidades compartidas entre la Ciudad de México y Chicago.

“Muchos aparatos del Estado han intentado borrar, desaparecer personas, ya sea el ICE a través de redadas, o la policía a través de la brutalidad policial y las ejecuciones extrajudiciales. Creo que es importante que estemos conectándonos,” continuó La Colocha.

No es coincidencia que las fiestas de cumbia y los sonideros estén en aumento en Chicago. Desde la ya emblemática Cumbia y los Goths de Mitclan hasta la Cumbia Cathedral de Kombi Chicago, existe un creciente interés por espacios que se sienten a la vez enraizados y de resistencia.

A medida que el costo de vida sigue aumentando y las generaciones más jóvenes de latinos buscan reconectarse con su herencia cultural, los sonideros ofrecen algo más que música. Son espacios inherentemente de clase trabajadora, moldeados por historias como la que documenta Yo No Soy Guapo.

“No es como algo que ellos dijeran, ah, sí, vamos a ser anticapitalistas, sino que simplemente la organización viene desde otro lugar,” dijo Garcia.

Se trata de que la comunidad se una para construir espacios alternativos que no cedan ante la burocracia o la fuerza, y que en cambio sirvan para incubar otras formas de crear, consumir y vivir. Hay alegría en la resistencia, y una y otra vez las comunidades oprimidas han demostrado justamente eso. La película de García termina con un montaje de personas bailando, un poderoso símbolo que atraviesa América Latina y que sobrevive a través de generaciones, fronteras y formas de represión. Resalta la importancia y el poder de los eventos autónomos, mostrando cómo nuestra supervivencia depende del intercambio cultural.

“La gente no se va a dejar caer sin luchar y sin pelear por lo que ama, que es su cultura, su comunidad, sus vecinos y su forma de vida,” dijo La Colocha.

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Jocelyn Martinez-Rosales es una periodista independiente mexicoamericana de Belmont Cragin, comprometida con contar historias de comunidades de color desde una perspectiva de justicia social. También es editora en el Weekly.

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