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Opinión: El fiasco Hilco

No es lo que los residentes de La Villita imaginaban para el sitio de la planta Crawford

Originally published on September 16, 2020, in English

Traducido por Gisela Orozco

El 11 de abril de 2020, Hilco Redevelopment Partners y sus contratistas llevó acabo la desastrosa implosión de una chimenea en la antigua planta de carbón Crawford, enviando una nube de polvo volátil al cielo y que se asentó en cientos de casas y patios en la comunidad de La Villita. 

Esto fue alarmante para muchos miembros de la comunidad, funcionarios electos y agencias de la ciudad, quienes se sorprendieron al ver la negligencia revelarse ante sus ojos. En primer lugar, el proyecto propuesto por Hilco nunca debió haber sido aprobado. Durante más de doce años, los residentes de La Villita se organizaron para cerrar la planta de carbón y lo hicieron exitosamente con apoyo local y nacional, imaginando el futuro de este lugar como un espacio para crear comunidad, educativo y de capacitación laboral. Entonces, ¿por qué la Municipalidad de Chicago se apropió de este proyecto en contra de los deseos establecidos de los residentes y organizadores?

Históricamente, La Villita ha sido un barrio industrial debido a su ubicación a lo largo del Canal Sanitario y de Navegación. En 1900, el canal fue construido para reemplazar el Canal de Illinois y Michigan con dos propósitos principales: 1. para permitir al río Chicago correr en reversa y para mover el desagüe de aguas del drenaje lejos del lago Michigan, la fuente principal de agua potable de la ciudad; y 2. para la movilización de embarcaciones y barcos desde el lago Michigan hasta el río Mississippi.

Durante el siglo XX, la industria pesada se desarrolló a lo largo de las orillas del canal con el fin de capitalizar el acceso al agua y los ferrocarriles adyacentes. Actualmente cerca del canal se encuentran instalaciones de petróleo y gas; plantas de asfalto; empresas de construcción; instalaciones de gestión de residuos; embalaje industrial y fabricación de contenedores, e instalaciones de Transporte, Distribución y Logística (TDL). Todas estas industrias contribuyen significativamente a la mala calidad del aire en La Villita y los barrios vecinos. Aunque se conecta con el río Chicago, es un canal industrial creado por el hombre y de agua muy contaminada.

Por más de una década, la Organización de Justicia Ambiental de La Villita (LVEJO por sus siglas en inglés) ha abogado para que suceda una transición justa —que significa una transición de una economía basada en la extracción de combustibles fósiles a una economía regenerativa—  en el sitio de 72 acres de la que fuera la planta de carbón Crawford. Conocidas como “las fábricas de nubes” por los jóvenes que trataban de describir la contaminación, por generaciones las chimeneas de la planta llenaron los cielos de La Villita con emisiones tóxicas, mientras que el polvo de carbón se instaló en las casas y terrenos escolares.

Los residentes de todas las edades sufrían altas tasas de asma, bronquitis y muchas otras enfermedades respiratorias. Un estudio de Harvard realizado en 2001 vinculó más de cuarenta y un (41) muertes prematuras, quinientas cincuenta (550) visitas a salas de emergencia y dos mil ochocientos (2,800) ataques de asma cada año con las emisiones tóxicas de Crawford y de la planta de carbón de Fisk en la el vecindario vecino de Pilsen, siendo los niños los más vulnerables a la exposición. LVEJO y nuestros aliados cerraron con éxito ambas plantas. Fue nuestro logro más significativo de justicia ambiental.

Tras el cierre, se formó un equipo de trabajo para el reuso del terreno Crawford (en inglés, llamado Crawford Reuse Task Force) para considerar estrategias para reutilizar ambos sitios. El equipo de tareas estaba integrado por tres jefes de organizaciones locales, un miembro de Midwest Generation (los propietarios y operadores de Crawford), dos ex concejales, un representante sindical, un representante de ComEd y un representante de desarrollo económico del Ayuntamiento, y fue facilitado por el Instituto Delta, una organización local sin fines de lucro que trabaja para solucionar “desafíos ambientales complejos”. Según el reporte final, “los residentes han participado en numerosos talleres, encuestas y ejercicios de visión sobre los sitios. A partir de estos, surgieron varios temas, incluyendo el deseo de un medio ambiente limpio, la sostenibilidad del barrio, la asequibilidad [de vivienda], la educación local y el empleo”. 

La comunidad confiaba en que la comunicación continuaría, y que cualquier constructor futuro sería realista, daría actualizaciones transparentes y seguiría siendo responsable. Pero la adquisición del sitio por parte de Hilco siempre ha carecido de transparencia. El constructor compró la propiedad en diciembre de 2017 por $12.25 millones en un trato a puertas cerradas que ocurrió durante el mandato del entonces alcalde Rahm Emanuel, quien recibió $135,900 en contribuciones políticas del CEO de Hilco, Jeffrey Hecktman, el entonces concejal del distrito 22, Ricardo Muñoz (quien recibió $3,000), y el entonces comisionado del Departamento de Planificación y Desarrollo (DPD), David Reifman.

En agosto de 2018, Hilco realizó dos reuniones comunitarias en las que los residentes expresaron sus preocupaciones o rechazaron abiertamente su plan. En ambas, Hilco afirmó que estaban haciéndole un favor a la comunidad al demoler la planta de carbón, remediando el sitio y construyendo una bodega masiva que dicen que traerá un estimado de 178 puestos de trabajo permanentes una vez terminado. Incluso cuando escucharon las súplicas de la comunidad de que ya teníamos demasiados ‘trailers’ conduciendo por estas calles residenciales y que nuestra calidad del aire estaba entre las peores del estado, no les importó escuchar. Al mes siguiente, Muñoz impulsó la rezonificación del sitio frente a la Comisión de Planeamiento de Chicago y el Ayuntamiento.

Durante las reuniones comunitarias, los representantes de la corporación multimillonaria dijeron que no buscarían financiación pública. Sin embargo, en enero de 2019, comparecieron ante el Comité de Desarrollo Económico, Capital y Tecnología del Ayuntamiento, para solicitar la exención de impuestos clase 6b del Condado de Cook, que les reembolsaría $19.7 millones en un período de doce años. Compraron la propiedad por menos que eso. Una vez más en la audiencia pública, LVEJO y los residentes testificaron en contra del plan, mientras que Muñoz usó su poder de concejal para cerrarlo.

En todas las reuniones de la Comisión de Planeamiento de Chicago, el Consejo Municipal y sus comités, Hilco tuvo el apoyo de la Cámara de Comercio de La Villita y de los negocios locales que son propiedad de la familia de Eve Rodríguez, quien es parte de la junta de la Cámara de Comercio y hace consultoría de relaciones públicas para Hilco. En un intento por obtener más apoyo, Hilco ha regalado tenis a los niños y creó dos becas de diez mil dólares ($10,000) para los City Colleges of Chicago. (Actualmente los estudiantes de CPS pueden asistir a los City Colleges de manera gratuita al cumplir ciertos requisitos). También han enviado correos promocionales y puesto anuncios en las estaciones de radio mexicanas.

La planta de carbón funcionó desde 1924 a 2012 y hasta que cerró, fue una de las más sucias del país, haciendo que la descontaminación del terreno sea delicada y peligrosa. Hilco prometió informar a la comunidad durante todo el proceso de rehabilitación y demolición. Crearon un sitio web, pero hicieron lo mínimo para informar a los hogares cercanos sobre los esfuerzos para eliminar elementos tóxicos del edificio o de la tierra.

En diciembre de 2019, Reynaldo Grimaldo, de 54 años, un trabajador que también era residente de La Villita, cayó a cincuenta pies de una plataforma elevada en el sitio, y murió.

Cuando llegó el momento de derrumbar la chimenea, el Departamento de Edificios de Chicago fue negligente al aprobar los permisos de demolición, y la alcaldesa Lori Lightfoot y el Departamento de Salud Pública no detuvieron la demolición a pesar de que se les advirtió de los posibles riesgos para la salud que esto planteaba en medio de una pandemia respiratoria. El actual concejal del distrito 22, Mike Rodríguez, heredó el proyecto y supo de la implosión programada más de una semana antes de que la comunidad fuera alertada. Sin embargo, los funcionarios mantuvieron a la comunidad en la oscuridad acerca de sus planes.

El 11 de abril, Hilco y sus contratistas no utilizaron las precauciones adecuadas: usaron explosivos para implosionar la chimenea centenaria y no prepararon suficientes cañones de agua para rociar la nube de polvo y escombros. Varios noticieros mostraron imágenes de las secuelas capturadas por los propios residentes. Un día después de la implosión, Fernando Cantú, de 78 años, falleció después de haber salido a su jardín. Vivía a pocas cuadras de Crawford, y su sistema inmunológico estaba comprometido debido a problemas de asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (COPD por sus siglas en inglés); es posible que la materia particulada tóxica agravara su sistema respiratorio.

La alcaldesa Lightfoot culpó a Hilco, emitió una orden de paro temporal y les puso una multa de sesenta y ocho mil dólares ($68,000). Hilco respondió lavando ventanas de casas y automóviles cerca del sitio y repartiendo máscaras en las cuadras circundantes. Pero después de una reunión comunitaria virtual patrocinada por la Municipalidad y organizada por la comisionada del Departamento de Edificios, Judith Frydland, Hilco recibió luz verde para proceder con la demolición del resto de la planta de carbón, actualmente en marcha. Poco después de esa reunión, Frydland se jubiló.

El proyecto Hilco traerá miles de camiones diariamente a un área que ya experimenta un tráfico de transporte desproporcionado en comparación con el resto de la ciudad. En total, hay más de treinta empresas en el corredor industrial de La Villita (LVIC) que están clasificadas como TDL o que utilizan camiones.

Estos camiones funcionan con diésel y liberan partículas nivel 2.5 y 10 al aire, lo que puede tener un impacto devastador en la salud inmediata y a largo plazo de las personas que inhalan estas partículas. El tráfico de camiones resultante no sólo es peligroso para otros conductores, peatones y ciclistas, sino también para la salud ambiental general de La Villita que ya tiene la segunda peor calidad del aire en el estado de Illinois. Traer miles de camiones más a la zona no hará más que empeorar aún más este problema.

En casi tres años, Hilco nunca ha mostrado un intento genuino de preocuparse por el vecindario. ¿Por qué deberíamos creer que esto cambiará? Hilco no ha sido capaz de garantizar un número o la calidad de los puestos de trabajo que el sitio ofrecería a los habitantes, debido al hecho de que van a alquilar el almacén a otra empresa para que opere como un almacén de comercio electrónico. La mayoría de las bodegas en Chicago contratan gente a través de agencias ‘de oficina’, también conocidas como agencias de trabajo temporal, que tienen la mala fama de explotar a inmigrantes indocumentados y a trabajadores negros. Esos mismos almacenes no pagan a sus empleados sueldos dignos ni les proporcionan beneficios médicos. ¿Cómo es que estos trabajos le brindarán a la gente la oportunidad de avanzar o superarse? Este no es un proyecto que nos beneficie económicamente a la larga.

La comunidad ya tenía un plan para el sitio cuando Hilco compró la propiedad, uno que no incluía una bodega. En 2018, LVEJO creó representaciones basadas en lo que la comunidad dijo que les gustaría ver en el sitio. Esto incluyó un invernadero enorme para la agricultura a gran escala, que podría producir fruta y verdura orgánicos a las tiendas locales y los aproximadamente 160 restaurantes en el barrio; un centro para vendedores de alimentos, que serviría como incubadora de negocios para los vendedores ambulantes en la comunidad, que constituyen el sesenta (60) por ciento de todos los vendedores en la ciudad; y una gran granja solar, que podría producir hasta catorce megavatios eléctricos (MW) de energía al año, lo cual podría dar energía a dos mil seiscientos sesenta (2,660) hogares, y se vincularía a la Ley de Empleos Energéticos del Futuro (FEJA) y los programas estatales “Solar For All”, que crean acceso a la capacitación laboral y a empleos de energía verde en comunidades de bajos recursos.

Estos son los tipos de proyectos que transformarían el uso de la tierra en el Corredor Industrial de La Villita potencialmente trayendo miles de empleos y oportunidades de creación de riqueza a la comunidad, Al mismo tiempo, llevar justicia ambiental a un barrio que ha sufrido durante mucho tiempo el racismo ambiental. Dado que el sitio de Crawford se encuentra dentro del Corredor Industrial de La Villita, con mil doscientos cincuenta y dos punto dos (1,252.2) acres es el tercero más grande de la ciudad, tenemos una gran oportunidad de invertir en industrias que no dupliquen aún más los problemas ambientales ni exploten a los trabajadores.

La Municipalidad de Chicago no debería dar subsidios tributarios a los constructores que solo buscan explotar nuestra fuerza laboral, sino a desarrollos que realmente involucren y beneficien a nuestras comunidades. No necesitamos un almacén de un millón de pies cuadrados que siga envenenando a nuestra comunidad. La Villita, como innumerables comunidades en todo el planeta, necesita una Transición Justa. Fundamentalmente se trata de desinvertir en industrias basadas en combustibles fósiles e invertir en industrias que utilizan energías renovables o métodos alternativos de producción que no explotan los recursos naturales. Si las economías más grandes del mundo se niegan a dejar de usar combustibles fósiles, podríamos enfrentar una catástrofe climática. Pero La Villita y Chicago en su conjunto, todavía pueden ser un modelo para otras ciudades importantes, especialmente aquellas con un gran sector industrial. Estos son los desarrollos que La Villita, junto con todos los barrios de clase trabajadora de la ciudad, merecen.

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José Acosta-Córdova es investigador y organizador de la Organización de Justicia Ambiental de La Villita (LVEJO). Concluyó su Maestría en Planificación Urbana y Políticas en UIC y es estudiante del primer año de doctorado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, está estudiando temas relacionados con el transporte y la justicia ambiental. Esta es su primera colaboración para el South Side Weekly.

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