Melissa Ortega. Illustration by Mell Montezuma

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Traducido por Yessica Chu-How

En la fría tarde de un sábado, Melissa Ortega, de ocho años, y su madre, Araceli Leaños, salieron de casa dirigiéndose hacia el banco en la calle 26 y después a un McDonald’s. Araceli quería cumplir su promesa de comprarle a su hija una hamburguesa. Era el 22 de enero de 2022.

Melissa: ¿Me compras una hamburguesa, mamá?
Mamá: Claro que sí, mami, ¿quieres ir ahora o después de ir al banco?
Melissa: Al rato, todavía no tengo hambre, pero ¿me prometes que me la compras?
Mamá: Claro que sí. Te lo prometo. 

En eso, Emilio Corripio, de dieciséis años, salió de un callejón y disparó hacia miembros de una pandilla rival. Atrapadas en el fuego armado estaban Areceli y su hija Melissa. Según la policía, la madre e hija corrieron en dirección del banco cuando Corripio le disparó en la espalda a uno de sus objetivos, un pandillero de veintiséis años. Pero aparentemente por equivocación, el adolescente también le disparó a Melissa en la cabeza dos veces. La niña cayó al suelo y, pocas horas después, falleció en el Hospital Stroger.

Esta tragedia fue similar a otra ocurrida hace poco más de dos años. En 2019, en la noche de Halloween, un joven de quince años levantó su arma para dispararle a un miembro de una pandilla rival en La Villita. Aunque disparó mal y no le dio, las balas alcanzaron a Gisselle Zamago, de siete años, en el cuello y el pecho—estaba disfrazada de Minnie Mouse y había estado pidiendo dulces con su padre. Milagrosamente, sobrevivió. 

Yo recuerdo que tenía cinco años cuando mi familia y yo inmigramos a Estados Unidos. La noche que esperábamos para cruzar de Tijuana a San Diego, le pregunté a mi madre que qué había en el otro lado. Ella respondió que Mickey Mouse estaba ahí y me prometió que lo conocería. Por supuesto, ahora estoy consciente de que sólo pudo haber cumplido esa promesa mientras no nos arrestaran o murieramos intentando cruzar a Estados Unidos, un país donde supuestamente se les asegura a los niños un futuro brillante y seguro.

Melissa inmigró con su madre de Tabasco, Zacatecas a California. Tres meses después, se mudaron a Chicago, donde vive la mayor parte de su familia, y donde Melissa comenzó el tercer grado en la Academia Emiliano Zapata. Durante una conferencia de prensa, el pastor de Nueva Vida, Matt DeMateo, leyó la declaración de su madre: soñaba con aprender inglés, hacer bailes de TikTok con sus amigos y ver la nieve de Chicago por primera vez, lo cual lo pudo vivir durante una breve nevada a finales de diciembre.

Los conflictos armados, los desastres naturales, la desigualdad de género, el desempleo, la corrupción y la falta de acceso a la atención médica y a una educación de calidad son muchas de las razones por las que los inmigrantes vienen a EE.UU. La Villita ha sido un punto de entrada para muchas familias de inmigrantes de México que buscan una vida mejor, como Melissa y su familia. Y durante décadas, los inmigrantes mexicanos han creado y mantenido el segundo distrito comercial que más ingresos de impuestos genera en la ciudad, con más de 500 negocios que contribuyen $900 millones a la economía de Chicago al año. Aunque los residentes de La Villita han generado cantidades inmensas a la economía local, se desconoce cuánto de este dinero regresa a la comunidad. 

Algo que se necesita urgentemente es más inversión en la prevención de la violencia. Aunque en el 2022 aumentaron los fondos para la prevención de la violencia por parte de la Municipalidad, un aumento a $85 millones comparado con los $16.5 millones del año anterior, los gastos para la policía se dispararon a $190 mil millones, lo que equivale a un aumento de $200 millones comparado con el año anterior. 

“Podríamos hacer mucho más si reasignáramos algunos de esos fondos [destinados a la policía]”, dijo Jesús Salazar, un director en la prevención del crimen con Metropolitan Family Services (MFS, por sus siglas en inglés). Salazar dijo que la clave para la prevención de la violencia es centrarse en el alcance callejero, lo que implica llegar a los jóvenes involucrados en las pandillas y brindarles acceso a los recursos que existen.

Del 2011 al 2015, Salazar fue un “interruptor de la violencia” a través del programa CeaseFire. Su responsabilidad era mitigar y desescalar la violencia en la comunidad. CeaseFire, que originó en Chicago, fue financiado por el Estado de Illinois y, debido a su impacto positivo, su modelo se extendió a nivel nacional a otras grandes ciudades. Sin embargo, “el gobernador Rauner consideró que el programa no era esencial y nos arrebató los fondos”, dijo Salazar.

Incluso durante su operación, la organización no era consistente y los trabajadores en las calles no la encontraban sostenible. “Estábamos sin trabajo seis meses, y luego otros tres meses, y luego nos contrataban otros seis meses”, dijo Salazar. “Era estresante”. 

Ahora como director de campo en la prevención del crimen de MFS, Salazar supervisa a trabajadores que intervienen en los conflictos de las pandillas. Esto implica la mediación, el establecimiento de acuerdos entre pandillas y el apoyo a los adolescentes y adultos afiliados a las pandillas para que dejen las armas. “No creo que la policía pueda hacer eso”, dijo. “No tienen ninguna relación… no son de nuestra comunidad. Hemos gastado mucho dinero en la policía y no creo que hayamos visto los resultados”.

El trágico asesinato de Melissa, y el de muchos otros niños, ha creado una nueva presión en los funcionarios para exigir más fondos y señalar las fallas de la Municipalidad y el estado. Araceli Leaños, la madre de Melissa, expresó este sentimiento en una declaración escrita a la prensa. Incluso llegó a decir que “perdona” a la persona que mató a su hija, llamándolo “una víctima también”. 

Residentes con rosas y globos en mano. Foto por Miranda Ploss

El joven que mató a Melissa se subió a un vehículo que huyó a toda velocidad, pero finalmente fue rastreado con tecnología de identificación de placas y videos de vigilancia. El adolescente enfrenta delitos graves de asesinato en primer grado y de intento de asesinato en primer grado, además de dos cargos de agresión a mano armada con agravantes. El conductor, Xavier Guzmán, de 27 años, también fue arrestado y enfrenta cargos de asesinato en primer grado e intento de asesinato en primer grado. También se le acusa de un delito de uso ilegal agravado de un arma.

Salazar considera que identificar la raíz del problema puede contribuir a encontrar soluciones a la violencia armada, como la pobreza, los problemas en el hogar y los problemas de aprendizaje. Sin embargo, dijo, una de las principales razones por las que los jóvenes acuden a las pandillas es para encontrar apoyo, ya que ese apoyo frecuentemente no existe en ninguna parte de sus vidas. Tampoco existen suficientes ejemplos a seguir, añadió. Y aunque haya deportes y actividades en los que los adolescentes pueden participar, “tienen que volver a casa” y “a la comunidad”, donde pueden verse tentados a volver al crímen. 

Al haberse criado en La Villita, dijo que conoció algunos ejemplos a seguir, pero no pudo relacionarse con ellos. “¿Cuántos jóvenes admiran a un pastor?”, preguntó. “Los jóvenes aspiran a ser lo que ven en la televisión, como ser: ‘cool’, ‘sexy’ y ‘valientes’. No hay una otra narrativa, y es decepcionante”, añadió.  

Salazar cree que también es importante que haya trabajadores mentores en las escuelas, porque en cuanto un niño se comporta mal, se le castiga con una la suspensión o expulsión. “¿Pero es eso lo correcto para uno de estos hermanos jóvenes? Es decir, ¿impedir que un joven aprenda y obtenga una educación?”, preguntó.

Antes de hacer el trabajo en las calles, Salazar estuvo afiliado a una pandilla en La Villita durante décadas. Él describe esa etapa de su vida como “ir de mal en peor por mi comportamiento”. Dijo que hubo un cambio hasta que un maestro de GED le ayudó a superar los problemas de aprendizaje en las matemáticas y que se tomó el tiempo de preguntarle: “¿Qué pasa… por qué estás actuando así?”. 

Considera que este tipo de interacciones son importantes cuando los niños no tienen un sistema de apoyo y “no se sienten queridos”. Recibir ese amor de la gente de la comunidad también le ayudó. Pudo conseguir un trabajo y recibió atención especial de un mentor. No contaba con este tipo de apoyo en otros lugares. 

Se necesitan muchos más recursos para complementar los programas existentes, dijo Kaya Nuques, directora ejecutiva de Enlace Chicago, una organización sin fines de lucro de La Villita, que se enfoca en la educación, la salud, los derechos de los inmigrantes y la prevención de la violencia. “Hay un gran número de jóvenes y adultos que necesitan apoyo, y nuestra capacidad es limitada”. 

El programa CeaseFire, bajo Enlace, también utilizaba varias estrategias para combatir la violencia, incluyendo la prestación de servicios como programas de GED, la consejería, el tratamiento contra las drogas y/o el alcohol y el asesoramiento de empleo para los jóvenes.

Salazar dijo que para lograr que los jóvenes dejen las armas, éstas deben ser sustituidas por otra cosa, y afirmó que la prevención de la violencia es una herramienta eficaz para ayudar a romper ese ciclo. “No quiero que la próxima generación de jóvenes siga perpetrando esto, este ciclo de violencia”, dijo Salazar. “Porque, ya sabes, su tío fue asesinado, su padre fue asesinado, su hermano menor fue asesinado, y no saben lidiar con eso”. 

Según Salazar, el estado reasignó los fondos para CeaseFire a organizaciones como MFS y Chicago CRED que hacen un trabajo similar. Con un aumento en los fondos para la prevención del crimen en el presupuesto de este año, él espera que el trabajo en las calles sea una gran prioridad.

La solución va más allá de eso, según Dolores Castañeda. Castañeda es una residente de La Villita que participa en Padres Ángeles, una organización que promueve la paz en la comunidad y ayuda a las familias a sanar después de haber perdido a un hijo o ser querido debido a la violencia armada.

Aunque ya había trabajado en varias fábricas de Chicago, Castañeda inmigró permanentemente a Estados Unidos hace unos treinta años. Se vio obligada a inmigrar debido a las amenazas de muerte que recibió del presidente de su pueblo, Salvatierra, en Guanajuato, México, tras haber empezado a escribir y a denunciar la corrupción y los abusos en las cárceles locales. Su madre había inmigrado hace muchos años a Estados Unidos para trabajar como vendedora ambulante y poder mantener a Castañeda y a sus hermanos. Su padre había fallecido, por lo que a su madre le resultaba difícil mantener a todos sus hijos. Desde niña, se dio cuenta de la pobreza en su pueblo. “Aprendí desde muy joven [sobre las] barreras que había en mi pueblo, donde nací, donde la gente moría por no tener comida o medicinas”.

Casteñada es ahora madre de cuatro hijos. Una vez se encontraba en el trabajo cuando su hija, que entonces tenía 14 años, fue herida en una balacera entre miembros de pandillas rivales. Afortunadamente sobrevivió, pero el incidente inspiró a Castañeda a involucrarse en la prevención de la violencia. Ella afirma que en La Villita, además de lo que ya ofrece la Municipalidad, se necesitan más programas de fondos que, a su parecer, no solo cubran los gastos de los funerales o ayuden a las familias después de las tragedias, sino en prevenir que ocurran.

Le preocupa que a menudo la culpa en una situación como ésta recaiga en los padres, especialmente en la madre. Dice que conoce a muchos padres que han perdido a sus hijos y que siguen culpándose a sí mismos. “Existe la situación de culpar a la víctima por el hecho de que a su hijo le hayan disparado”, dijo. “Como si fuera su culpa”. Afirma que este tipo de mentalidad no le permite a los padres sanar adecuadamente, por lo que la comunidad y los funcionarios de la ciudad no sienten la presión de intervenir.

Entender por qué los jóvenes recurren a las armas en primer lugar puede ser una puerta a la solución de la violencia. Y aunque la policía puede quitar un arma de las manos de los jóvenes, Salazar dijo que eso se puede abordar mediante programas de prevención en la comunidad y mediante trabajadores de alcance en las escuelas. Castañeda considera que es importante apoyar a los padres, dejar de atacarlos y culparlos y hacer un mejor uso de los fondos municipales, invirtiendo en más espacios para los jóvenes y las familias. “El dinero debería destinarse realmente a la comunidad, no [sólo] para pagar los funerales”, añadió Castañeda, refiriéndose a las grandes organizaciones que deciden cómo invertir el dinero.

Los residentes recuerdan a Melissa. Foto por Miranda Ploss

El concejal del distrito 22, Michael Rodríguez, dijo que la lucha contra la violencia armada es una cuestión colectiva y que todos deben participar. “No se trata de una sola persona. Se trata de todos nosotros juntos. Así que lo he convertido en mi compromiso”, mencionando su experiencia como ex director de prevención de la violencia y ex director ejecutivo de Enlace, ex empleado de la Oficina del Médico Forense del Condado de Cook y mentor de jóvenes durante su tiempo en la universidad. A lo largo de los años, dijo Rodríguez, “hemos podido aumentar el presupuesto de la Municipalidad destinado a la prevención de la violencia, al trabajo de intervención, pero no es suficiente”.

Está de acuerdo en que destinar más recursos a la prevención y a la intervención es eficaz y “económicamente sensible”. Dijo que “cuesta mucho más dinero encarcelar a la gente”. Y afirmó que continuará trabajando en la prevención del crimen armado abordando la pobreza, la cual dijo que es una causa fundamental de la violencia normalizada. 

Rodríguez dijo que además se enfocará en trabajar con Eddie Bocanegra, un líder en la prevención de la violencia en La Villita, quien recientemente fue nombrado asesor del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

Foto por Miranda Ploss

Una semana después de su muerte, un dibujo de Melissa, creado por la artista local Michelle Rivera, se apreciaba sobre una multitud de gente que marchaba por la paz en la calle 26. En el dibujo, Melissa estaba rodeada de rosas blancas. Llevaba un vestido blanco y un aro de ángel sobre su cabeza. Llevaba alas anaranjadas de la mariposa monarca. Para los inmigrantes indocumentados, que viven en Estados Unidos, la monarca representa la dignidad y la resistencia, y el derecho inherente que tienen todas las personas para migrar libremente. Decenas de niños caminaron junto a sus padres sosteniendo globos color de rosa y blancos, también rosas. Las patrullas rodeaban a los manifestantes. El grupo se reunió en la esquina de la avenida Pulaski, donde colocaron rosas y veladoras en el pavimento y soltaron los globos hacia el cielo.

Corrección, 10 de febrero de 2022: una versión anterior de esta nota indicaba la edad equivocada de uno de los niños mencionados.

Corrección, 13 de febrero de 2022: Esta nota fue actualizada para incluir el nombre de la artista que creó el dibujo de Melissa Ortega mencionado aquí.

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Alma Campos es la editora de inmigración del Weekly. Escribió previamente sobre el recién fallecido cantante de corridos Jesús “Chuy” Negrete.

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