Foto por Rogelio López

La guerra y tregua entre negros y mexicoamericanos en Chicago luego de las protestas de George Floyd

Tras las protestas por la muerte de George Floyd en manos de la policía, residentes de Chicago apaciguaron la división racial

Originally published on June 9, 2020, in English

Traducido por Gisela Orozco

Cuando levantaron los puentes del centro de Chicago, cortaron el servicio de transporte público y la policía de Chicago se desplegó a las zonas ricas de la ciudad, el mensaje que se le envió a las comunidades del lado sur y oeste de Chicago, fue claro: en medio de las protestas, saqueos y expresiones de furia contra los asesinatos de afroamericanos a manos del estado, los residentes de los barrios estaban solos. 

El descontento social en Chicago después del asesinato policial de George Floyd en Minneapolis originalmente estalló en el centro, donde se concentra el poder político y corporativo, pero pronto una facción se desvió a los barrios circundantes que ya se encuentran en crisis por los altos índices de COVID-19 y el desempleo derivado de la ordenanza de quedarse en casa que emitió la alcaldesa Lori Lightfoot.

En algunas áreas, la revuelta dio como resultado la creación de grupos de autodefensa improvisados y el surgimiento visible  —y la repentina aceptación social— de pandillas latinas. Algunos pandilleros se dedicaron a proteger los negocios y las tiendas del barrio, y otros sin querer, expusieron su racismo.

En La Villita, barrio predominantemente mexicano, el primer negocio que fue saqueado fue una zapatería llamada Fresh Kickz, que regularmente es frecuentada por jóvenes de toda la ciudad. El domingo 31 de mayo, después de días de protestas, imágenes compartidas en Facebook, mostraban a la gente salir corriendo de la tienda con cajas de tenis en sus brazos, mientras los peatones se quedaban viendo o los grababan.

Cuando se corrió la voz, los pandilleros de los Latin Kings de la siguiente cuadra, aparecieron para demostrar su poderío y como es habitual en este barrio, la policía fue la última en llegar. Las imágenes en video mostraron que integrantes de la Policía de Chicago (CDP) arrestaron a algunos presuntos saqueadores, todos afroamericanos, pero no se sancionó a ningún miembro de la pandilla. Fue entonces cuando en línea, empezaron a circular rumores de que las pandillas latinas estaban trabajando con la policía para atacar a los residentes afroamericanos.

Las pandillas latinas de la ciudad tienen disputas históricas con la policía de Chicago y rotundamente niegan esas afirmaciones. Pero, es cierto que el CPD les permitió realizar su vigilantismo; muchos de nosotros vimos los enfrentamientos callejeros que se salieron de control durante largos períodos de tiempo. El subidón de adrenalina que normalmente sienten los pandilleros al comportarse territorialmente dentro de sus fronteras, y cualquier racismo anti-afroamericano subyacente, los tenía visiblemente ubicados a lo largo de Cermak Rd, la calle que marca la división entre La Villita y North Lawndale, un barrio predominantemente afroamericano.

Hubo varios reportes de autos que llevaban pasajeros afroamericanos siendo atacados con ladrillos, botellas e incluso chocados por otros vehículos cada vez que pasaban por La Villita. En un caso en particular, en Cermak y Kedzie, los pandilleros mexicoamericanos sacaron de un auto a sus pasajeros, afroamericanos, antes de prenderle fuego.

En redes sociales, un rumor se hizo viral; se afirmaba que una mujer embarazada había sido apuñalada varias veces por los Latin Kings, pero las autoridades no confirmaron ningún incidente de ese tipo. En internet, los afroamericanos se advertían entre sí que no fueran a los barrios latinos, y si lo hacían, que estuvieran preparados para pelear.

Ese domingo terminó siendo el día más mortal para Chicago en décadas, con dieciocho personas muertas en toda la ciudad, según informó el Sun-Times. Cifras similares no se habían visto desde la década de los 90.

Sheniyha Washington publicó un video de las ventanas de su auto siendo estalladas con bates de madera por hombres que estaban parados en la Cermak. “Mi madre, mis hermanas y yo volvíamos a casa después de una fiesta de ‘baby shower’. No estábamos saqueando o protestando ni atacando a la gente”, escribió Washington. “Algunas personas afirman que estaban protegiendo a su comunidad, pero por lo que vi, fueron ellos los que le prendieron fuego a los autos, atacando a personas inocentes”.

Una grabación de audio de un escáner policial revela lo inútil que fue la policía en la escalada del caos callejero. Después de un supuesto tiroteo en Cermak y Spaulding, la misma intersección en la que la familia de Washington fue atacada, la policía del décimo distrito recibió una llamada por el escáner que decía: “Hay pandilleros contra pandilleros. Se están disparando unos a otros”, a lo que un oficial respondió: “¡Que lo hagan!” y otro oficial respondió: “¡Que así sea!”. 

Gran parte de las disputas tuvieron lugar en línea y fuera del radar de los principales medios de comunicación que no pudieron captar los matices del conflicto.

Una publicación que se hizo viral y enfogonó a la gente en ambas comunidades fue un volante difundido que decía “mexicanos vs. negros” en el que se invitaba a todo el mundo a reunirse a las 3:45 pm totalmente armados. “No vengas si no estás dispuesto a arriesgar tu vida”, decía el volante anónimo.

El conflicto en Cermak Rd. se extendió al suburbio de Cicero, después del saqueo que tuvo lugar en la plaza comercial Hawthorne Works Shopping Center, ubicada en la esquina de Cermak y Cicero Ave. y en la Licorería El Patrón, y que fue transmitido en vivo por WGN-TV. Las imágenes de Youtube y Facebook muestran enfrentamientos entre lo que parecen ser afroamericanos y mexicanos, incluyendo un ataque a un anciano mexicano y la destrucción de una camioneta conducida por afroamericanos.

Luz Chávez, residente del área, registró quejas de personas que dijeron que fueron atacadas en el suburbio simplemente porque eran afroamericanos. Algunos dueños de tiendas que no eran ni afroamericanos ni latinos, estaban en la azotea de sus negocios luciendo sus armas. 

En Pilsen, los residentes que han visto cómo en los últimos años la gentrificación ha desplazado a negocios familiares, cerraron el tráfico entrante de la calle 18 con botes de basura del callejón, pero negaron estar afiliados o trabajar con pandilleros. Un hombre enmascarado dijo en video: “Saquear negocios [pequeños], eso no es justicia. Así que sigan con las pinches protestas, protesten fuerte, nuestro corazón está con ustedes. Pero dejen de joder al que menos tiene. Porque Target, Walmart, Costco, van a salir adelante. Pero ¿adivinen qué? Tu tío José y mi tío Juan no van a lograrlo si destruyen su negocio. Mantengámonos fuertes, estemos unidos, y nadie nos joderá”.

Pero las llamas se avivaron el lunes cuando dos hombres mexicanos en Cicero, José Gutiérrez y Víctor Cázares, fueron asesinados a tiros “por agitadores externos”, según el Ayuntamiento de Cicero, quien posteriormente publicó en Facebook la foto de un sospechoso afroamericano. 

El gobernador de Illinois, JB Pritzker, declaró el estado de emergencia y la Policía del Estado de Illinois fue desplegada en Cicero esa noche, mientras que la policía del décimo distrito tenía a La Villita y a North Lawndale confinados.

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Aunque muchos concejales condenaron verbalmente el saqueo y los prejuicios violentos en sus distritos, la verdadera intervención no pareció venir de la ciudad, sino de los propios barrios. Los activistas comunitarios, los llamados interruptores de la violencia, los ministros, los líderes locales e incluso, las personas afiliadas a pandillas, comenzaron a hablar en contra del racismo en las redes sociales y salieron a las calles para apaciguar los enfrentamientos violentos.

Los mentores del programa de prevención de la violencia que trabajan desde la Iglesia Nueva Vida, estuvieron en las calles parte de la semana, vistiendo chalecos amarillos, alimentando a los jóvenes en la calle y manteniendo una línea de comunicación con CPD. También organizaron un picnic de unidad en La Villita Park con mentores afroamericanos que forman parte de su red anti-violencia.

El martes por la mañana, Robert R. Fort, hijo de Jeff Fort, fundador de la pandilla afroamericana Almighty Black P. Stone Nation —-aliados de los Latin Kings — publicó en Facebook: “Recién hablé con uno de los cabecillas de los Latin Kings, uno de los generales, se están retirando y se chingaron a los muchachos que empezaron toda esta mierda”, escribió.

“Hablé con Ángel que representa los ‘folks’ latinos, ellos también se están retirando”, dijo en referencia a los pandilleros Gangster Disciples en North Lawndale y los pandilleros Gangster Two-Six en el oeste de La Villita. “Y gracias a las damas que facilitaron estas llamadas. La gente los provocó diciéndoles que veníamos a saquear y destruir sus vecindarios, pero tengan cuidado porque sí tienen chamacos imbéciles como nosotros corriendo por ahí haciendo estupideces.” 

“Nos hemos unido para detener la violencia entre nuestras comunidades. No puedo mentir, estaba listo para una guerra, pero la violencia no es la manera. Si alguno de los jefes quiere hablar con ellos, tengo los números. De todos modos tengan cuidado. Alguien está tratando de crear una guerra racial, ¡pero no sucederá!”.

Las “gangas” de Chicago siempre se han organizado por raza, lo que no sorprende ya que los barrios de la ciudad están segregados racialmente. Sin embargo, organizan alianzas y acuerdos interraciales, como el que negoció Fort, que les permiten coexistir.

Ya para el martes por la noche las calles estaban tranquilas.

Ese miércoles, la alcaldesa Lightfoot visitó ambos barrios, diciendo que los enfrentamientos podrían haber sido conflictos internos entre pandillas, aunque estaba considerando la posibilidad de influencias externas. “Estos son hombres jóvenes que realmente no han alcanzado la madurez, y añadir a esa mezcla de juventud, testosterona y armas y tal vez otras cosas, es una receta para el desastre”, dijo.

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En North Lawndale, grupos comunitarios organizaron conversaciones sobre el racismo. “Sentí el llamado a la acción porque pensé en la seguridad de mi padre y de mis hermanos y crecí sabiendo que cuando había una guerra de pandillas de afroamericanos y latinos, simplemente no podíamos ir al otro lado de las vías del tren [en la Cermak]… Con todo lo que está pasando ahora mismo, siento que este no es el tipo de batalla o discordia que necesitamos”, dijo Jazmine Stubbs, residente y organizadora del barrio.

“Quería plantear una tregua en una reunión del vecindario, con el pastor Phil Jackson, el concejal de Pilsen, Byron Sigcho-López, y representantes de La Villita y Humboldt Park, para que podamos centrarnos en lo que es realmente importante y es el movimiento por las vidas de los afroamericanos y los asuntos de la brutalidad policial”.

El grupo comunitario ChiResists planificó la primera marcha de unidad entre barrios. El Foro del Pueblo le siguió con una marcha llamada “Brown People for Black Power” en La Villita, y el martes por la noche el grupo publicó, “después de días de tensiones y racismo anti-negros alimentados por el Departamento de Policía de Chicago, pandillas de La Villita y el lado oeste (West Side), están negociando un entendimiento”. 

“Organizadores callejeros latinos y afroamericanos del oeste del barrio de La Villita y North Lawndale se han reunido en un día de entendimiento para comprometerse a seguir trabajando en la unidad de afroamericanos y latinos”, decía en el mensaje. “Nos han confirmado que conversaciones similares están sucediendo en Humboldt Park, Cicero y el lado oeste de Chicago en un esfuerzo por detener las tensiones que están siendo alimentadas por la policía”.

Una docena más de marchas de Black Lives Matter desde Belmont-Cragin, en el norte, hasta South Chicago, además de esfuerzos de ayuda mutua, proyectos murales, campañas de arte, lanzamientos de pancartas políticas y señales de solidaridad, se han organizado desde entonces, mientras los barrios afroamericanos y latinos curan sus heridas e intentan reconstruir sus comunidades. 

El jueves 11 de junio, los residentes de North Lawndale y Little Village realizaron una marcha por la paz que culminó en Douglass Park.

Pero el peso de encontrar una solución entre ambas comunidades recae en los latinos, que deben abordar su racismo interior y, ultimadamente, en los funcionarios electos de un sistema supremacista blanco que, mediante políticas imprudentes y racistas, enfrenta a comunidades afroamericanas y latinas entre sí, las encierra en jaulas, y las mata.

Cordell Longstreath contribuyó a este reportaje

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Jacqueline Serrato es la editora en jefe de South Side Weekly.

 

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