Illustration by Saadia Pervaiz.

Padres del sur de Chicago batallan para inscribir a sus hijos en programas de verano en los parques

La dificultad de inscripción y las barreras lingüísticas son algunos de los obstáculos que dejan a los padres con pocas opciones para sus hijos durante las vacaciones

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Los padres de familia esperaron en fila durante horas. Algunos habían traído sillas plegables y otros colocaron a sus hijos en carritos, dándoles agua y golosinas para aguantar la larga espera. Unos vinieron solos o en grupos de amigos, hablando español, inglés y mandarín entre sí. Algunos padres madrugaron desde las 4:30 de la mañana. Otros se tomaron el día libre para venir.

Estaban reunidos frente a la casa de campo del Parque McKinley un sábado en la mañana en mayo para inscribir a sus hijos a uno de los programas más solicitados del Distrito de Parques de Chicago: los campamentos de verano.

Nearly a week after in-person registration for summer camps had filled, a signed outside the McKinley Park Field House hung on the metal railings with the words, “Register for Summer Programs.” Photo By Alma Campos

Del 5 de julio al 12 de agosto, los programas ofrecen alrededor de seis horas de cuidado cada día de la semana empezando a un costo de $110, una buena oferta comparada con los campamentos similares de lugares como el YMCA, que pueden costar hasta $210 a la semana. Sin embargo, al final del día, muchos padres no lograron inscribir a sus hijos.

Uno de los valores del Distrito de Parques es “Los niños primero”, lo cual su sitio web describe como “atraer a los niños y las familias a nuestros parques y darles razones para quedarse y jugar de por vida”. En un documento presupuestario, el Distrito de Parques afirma que “garantiza que todas las familias y los niños tengan acceso a una programación asequible donde puedan jugar, aprender y crecer”. 

Pero, año tras año, muchos padres que quieren inscribir a sus hijos en campamentos y otros programas son rechazados. Obstáculos como las barreras del idioma y la falta de acceso al internet, junto con una programación insuficiente, parecen afectar especialmente a los padres del lado sur, algunos de los cuales sienten que las actividades del parque no están diseñados para ellos y sus familias. 

María Negrete, que vive en McKinley Park con su marido y sus dos hijas desde hace diez años, dijo que en tres ocasiones diferentes intentó inscribir a sus dos hijas en los programas de primavera y verano de McKinley Park, pero que cada vez que lo intentó, no pudo hacerlo. 

Negrete dijo que una vez se presentó en la casa de campo de McKinley Park para inscribir a sus hijas en el programa de natación y cuando le preguntó a un miembro del personal sobre la inscripción, le entregaron un folleto en inglés con instrucciones para que se fuera a casa y se inscribiera por internet. 

Negrete dijo que no utiliza mucho la computadora y que la información del sitio web estaba en inglés, por lo que le costó entender la información y no pudo inscribir a sus hijas en natación. En otra ocasión, visitó el parque a principios de la primavera para inscribir a sus hijas en las clases de verano porque se enteró que los espacios se llenan rápidamente, pero no la atendieron porque ya estaba lleno.

Una de las hijas de Negrete, Maritza, que ahora es una adolescente, dijo que recuerda que quería aprender a nadar y no pudo entrar en el programa de natación. “Me sentí mal porque veía que otros niños sí podían entrar”, dijo. 

Tanto Negrete como su hija dijeron que los niños que vieron afuera no parecían ser del área. “En realidad, los programas de aquí no son sólo para la gente que vive aquí, sino que son para los que vienen de fuera. Veo cómo les dan preferencia a los blancos porque hablan el idioma, porque son de aquí, y bueno, nosotros somos los últimos”.

“Esto no es para mí”, dijo Negrete. “Aunque los servicios estén en mi barrio, siento que no son para nosotros. Porque no puedes hablar el idioma, no puedes defenderte, no puedes decir lo que sientes”. 

Negrete también recuerda que cuando Maritza tenía diez años, se presentaban en persona a la casa de campo de McKinley para preguntar de los programas y su hija intentaba traducirle porque nadie hablaba español. No era fácil. 

Cinco de los idiomas más comunes que se hablan en Chicago después del inglés son español, polaco, árabe, tagalo y chino, pero la página de los programas de verano 2022 del Distrito de Parques sólo está disponible en inglés. Algunas partes pueden traducirse al español y al francés con el botón de traducción del sitio web situado en la esquina de arriba a la derecha. Pero aun así, no todo está traducido en la página de programación. Sólo se traducen los títulos, y la información sobre COVID-19 sólo está disponible en inglés. 

La dependencia del Distrito de Parques en la inscripción en línea también contribuye a las disparidades fundamentales en el acceso al internet y la conectividad en todo Chicago. Según la Iniciativa de Equidad en Internet, casi el cuarenta por ciento de algunos barrios del sur y del oeste no tienen buen internet, lo que pone a estas comunidades en desventaja a la hora de acceder a los servicios del parque y comunitarios. Los vecindarios de Burnside, West Englewood, Fuller Park, Englewood y West Garfield Park se encuentran al final de la lista.

Negrete dijo que conoció a otros padres con problemas similares cuando Maritza era una estudiante en la escuela primaria, Nathanael Greene. “Muchos padres no podían [inscribir a sus hijos] y la mayoría trabajaba y quería tener a sus hijos en un programa”, dijo.

Mientras que los principales obstáculos de Negrete son que no habla ni lee inglés y que casi no usa una computadora, los padres que sí hablan inglés y utilizan la computadora también encuentran difícil el proceso de inscripción. 

Fiona Cook, también residente de McKinley Park y madre de dos niños de edad escolar, dijo que se enteró de la inscripción en persona al llamar al parque después de que se agotaran los lugares en línea. “[El sitio web] decía que había sesenta plazas disponibles en línea, de un total de ochenta, lo que dejaba veinte para la inscripción en persona”, dijo Cook. 

Cook se preparó para la inscripción en línea poniendo su alarma para las 8:55am y observando el conteo en el sitio web. “Una vez que [las inscripciones] estaban en vivo, hice clic en ‘inscribirse’ inmediatamente. Me enviaron a una sala de espera virtual por unos dos minutos. Luego decía ‘disculpe, todas las plazas online se han llenado’”. 

Como los lugares se habían llenado en línea, Cook decidió que intentaría inscribir a sus hijos en persona una semana después, el 14 de mayo. Las puertas abrían a las 9am, pero ella llegó antes porque sólo había veinte lugares disponibles y podría haber una larga fila.

“Los padres trajeron sillas y todo”, dijo. Uno de los padres incluso se durmió en el carro, dijo. “Y hablando con un padre que reconocí del año pasado, me dijo que había llegado a las 4:30 de la mañana. Me reí, pensando que estaba bromeando y en qué experiencia tan surreal… qué esfuerzo tan grande tuvimos que hacer para que nuestros hijos entraran en el campamento de verano”.

 Un empleado abrió las puertas alrededor de las 9am. En voz alta, dijo que sólo quedaban doce lugares y no veinte. Cuando los padres preguntaron a qué se debía el cambio, la empleada les indicó que enviaran un correo electrónico a la supervisora del campo, Briana Soria. Algunos hablaron entre ellos diciendo que el proceso era desorganizado, y especularon si los lugares se los habían dado a sus amigos.

Cuando el Weekly se puso en contacto con Soria para preguntarle sobre el cambio en la disponibilidad de los programas y las inscripciones, Soria respondió que en el futuro no habrá inscripciones en persona debido a “ciertas situaciones.” Cuando se le pidió más detalles, Soria dirigió el resto de las preguntas al departamento de comunicaciones. 

La directora de comunicaciones, Michele Lemons, no respondió a comentarios luego de varios intentos.

Los padres pasaron horas en la fila. Cook pudo conseguir dos plazas para sus hijos. “A medida que la fila se hacía más larga, empecé a molestarme”, dijo. “¿Qué van a hacer todos? Tiene que haber más lugar”. A los que se quedaron hasta casi el mediodía, un miembro del personal les dijo que podían ser agregados a una lista de espera, pero que tenían que seguir esperando en la fila para hacerlo.

“Creo que tiene que seguir habiendo una inscripción en persona, además de en línea, para las personas que no pueden navegar por el sitio web del parque”. Además, dijo que el sitio web debería estar en más idiomas para reflejar la diversidad de la ciudad.

Pero la espera, la confusión y el proceso desordenado no son nuevos. Philip Cantor, un maestro de las Escuelas Públicas de Chicago, recuerda las largas esperas en la casa de campo de Millenium Park de hace doce años. Dice que él y sus hijos solían llegar a las 6am. 

“Había que pasar por muchos obstáculos. Había gente que llegó antes que nosotros. Las filas eran bastante largas, probablemente más de 100 familias. No sé si alguien pasó la noche ahí, pero la gente definitivamente llevaba cobijas y sillas plegables y cosas así”.

 Cantor, que reside en Logan Square, dijo que, a diferencia de otros, él tuvo la suerte de contar con el tiempo y los recursos para pasar por ese proceso. Y al igual que otros padres con los que habló el Weekly, dijo que la forma de mejorar las cosas sería tener más plazas para más niños. 

“Cualquier sistema en donde haya más demanda que suministros provocará algún tipo de racionamiento. Como los costos son relativamente bajos, se raciona a través de la espera, o ahora siendo el primero en entrar al internet. Si hubiera más espacios, la gente no tendría que apresurarse para ser la primera en la fila o en línea”. 

Cantor dijo que él y su familia acabaron optando por un campamento privado para sus hijos.

Pero muchas familias del sur y oeste no pueden pagar un campamento privado o por costosas clases de natación. Cuando las hijas de Negrete no encontraban programación en el parque, se mantenían ocupadas yendo a refrescarse en el Parque Kucinski Murphy, en la calle 33th y Avenida Ashland, que tiene una pequeña fuente de agua. También iban a la piscina pública de McKinley —a veces hasta tres veces al día. 

Una residente de Pilsen que prefirió no ser identificada dijo que cuando visitaba varios parques para inscribir a su hijo pequeño en programas, como Harrison Park, recibía información poco clara sobre la disponibilidad de plazas. Y cuando intentó inscribirse por internet, dijo que “el proceso es… muy difícil. No es tan receptivo al usuario como otros sistemas que he utilizado para clases privadas/no del Distrito de Parques”. 

Al igual que Cook, dijo que se sentó frente a la computadora para estar lista cuando abriera la inscripción en línea. “Cuando hice clic para inscribirme, muchas de las clases decían ‘lleno’ casi inmediatamente. Esto demuestra que hay una gran necesidad de opciones de desarrollo/extracurriculares asequibles para las familias y sus hijos”. 

La dificultad para inscribir a los niños en los programas de verano es especialmente preocupante dadas las recientes restricciones de toque de queda tras un incidente en Millennium Park el mes pasado en el que un joven de 17 años le disparó fatalmente a otro de 16. Esto llevó a la alcaldesa Lori Lightfoot a imponer un toque de queda a las 10pm en el centro de la ciudad para los jóvenes no acompañados y un toque de queda a las 6pm en Millennium Park específicamente. Los grupos comunitarios protestaron en contra, pidiendo que la Municipalidad busque programas para prevenir los tiroteos en lugar de establecer toques de queda estrictos y aumentar la vigilancia policial. 

La alcaldesa también se dirigió a los padres tras el incidente: “Quiero que nuestros hijos disfruten de espacios seguros en toda la ciudad. Quiero que sigamos trabajando para crear esos espacios seguros en toda la ciudad. Pero esto empieza en el hogar. Y empieza con la responsabilidad de los padres, los cuidadores y los adultos que se preocupan”. También le dijo a los jóvenes y a los padres que descarguen la aplicación de teléfono —My Chi My Future— para encontrar “cientos” de oportunidades. 

Negrete cree que una razón por la que muchos jóvenes van al centro en el verano es porque no hay mucho que hacer en sus propios vecindarios. “No hay nada en el barrio”, dijo. “Todo es una reacción en cadena. Para los padres que trabajan tanto, no hay muchos recursos de cuidado para poner a sus hijos. Y si los hay, ponen muchas barreras. 

“Luego culpan a los padres”.

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Alma Campos es la editora de Inmigración del Weekly. Escribió previamente sobre familias de Illinois que siguen siendo perseguidas por ICE a pesar de no ser prioridades para la deportación.

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