Photo by Jacqueline Serrato

Una manda a la Virgen de Guadalupe

Artista de La Villita regresa al barrio para restaurar el mural de la tan venerada Virgen de Guadalupe que realizó hace casi dos décadas

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Traducido por Gisela Orozco

Cientos de miles de personas han visto el enorme mural de la Virgen de Guadalupe ubicado en el barrio de La Villita de Chicago—cerca de la calle 26 y Pulaski Rd.—que en primer plano muestra a un joven arrodillado y rezando con la cabeza inclinada. No hay manera de que los conductores y peatones lo pierdan de vista, e incluso, personas originarias de otros estados vienen a Chicago exclusivamente a verlo.

El joven que aparece en el mural es el propio pintor, Héctor González, como lucía a sus veintitantos años de edad cuando realizó la obra. Dieciocho años después, ha regresado al barrio para renovar la obra completa de 35 pies de altura. 

Con el paso de los años, él ha manejado por ahí para ver el mural o se ha sentado en la banqueta al cruzar la calle para contemplarlo. Contó que se conmueve cada vez que las personas han pegado flores a la pared de ladrillo o cuando colocan veladoras en el suelo.

Foto por Jacqueline Serrato

En días recientes, mientras estaba ocupado pintándolo de nuevo, una mujer se detuvo a dejar una rosa en una botella de agua frente al mural, a modo de ofrenda. “Me dijo, ‘quiero ser la primera en dejarle una rosa a la Virgen”, recordó. 

González nació en la Ciudad de México y cuando tenía seis años de edad, su familia se estableció en La Villita. Durante su niñez, estuvo expuesto al arte al visitar los clásicos y gigantescos murales que se pueden encontrar en la capital mexicana. En Chicago, se unió a un equipo de artistas urbanos que realizaban con pintura de aerosol piezas a gran escala en las paredes públicas de toda la ciudad. Eso lo llevó a tener una carrera fabricando instalaciones profesionales de arte para artistas de todo el mundo. 

Durante todo este tiempo, González mantuvo su vida personal privada y rara vez habló de su mural de La Virgen a pesar de su popularidad. Pero es ahora que se está abriendo y compartiendo la historia detrás del mural, que también es su historia. 

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A principios de la década del 2000 él ya era un reconocido artista callejero, mejor conocido localmente por su nombre graffitero “Disrokone”, cuando pasó por un período catastrófico y transformador en su vida. Su entonces novia, Gabby Martínez, fue diagnosticada con cáncer y Héctor se convirtió hasta sus últimos momentos en su cuidador principal.

Antes de que Gabby falleciera en 2001, Héctor le rezó fervientemente a La Virgen de Guadalupe, el icono religioso más venerado por los católicos mexicanos. “Como si fuera mi mamá”, así la describió González. “Es como una presencia maternal que te respalda. ¿Sabes a lo que me refiero?”.

Le rezó para pedir una intervención espiritual que le ayudara a sobrellevar la inminente pérdida de su pareja. “‘Dame la fuerza que necesito para estar aquí para ella. Y para sobrevivir a esto’”, recordó que le oraba. “‘No sé qué puedo hacer, o cómo puedo devolverte este favor o bendición’”, le decía a la Virgen. “‘Pero haré lo que pueda para que más gente se acerque a ti”, recordó.

El muralista hizo esencialmente un voto religioso: el equivalente a una manda, como se le conoce comúnmente en México al voto o promesa que se le hace a la Guadalupana u otro santo para así agradecer su protección durante un tiempo de sufrimiento extremo.

En la cultura mexicana, las mandas suelen “pagarse” meses o años después, a través de una peregrinación a un altar  —a veces requiriendo un viaje de regreso a la patria— que suele ir acompañada de una ofrenda, ya sea de dinero u de otros artefactos simbólicos a la entidad religiosa que intercedió.

Aproximadamente un año después de la muerte de Gabby, González recordó la promesa que había hecho y además sintió la necesidad de contribuir algo a la comunidad que lo vio crecer.

Se dio cuenta de que el Supermercado La Chiquita había construido una bodega en su segunda ubicación en el barrio e inmediatamente pensó que la pared viendo hacia el oeste sobre una calle de alto tráfico sería perfecta para una pieza icónica. 

Gracias a que ya había tenido una relación laboral con Alfredo Linares, el dueño de la tienda, después de pintar el interior de su restaurante, González se sintió en confianza al pedirle permiso para usar la pared exterior para algo tan profundamente personal.

“Probablemente pasé como dos meses pintando el original, porque todavía estaba pasando por el proceso de duelo. Y mucho de eso tenía que ver conmigo… [necesitaba] reconectarme y mantener esa promesa”, dijo. “Y para mí era una forma de terapia, básicamente. Así que fui tomándome mi tiempo con el proyecto”.

Foto por Jaqueline Serrato

Los vecinos siempre se preguntaban quiénes eran las mujeres anónimas que aparecían en los retratos en tonos sepia que González integró a la obra de arte. “[Esa es] la fotografía de mi novia, y su madre [que] también falleció de cáncer”, dijo. “Y la muchacha del retrato debajo de ella, la conocimos mientras Gabby estaba en el hospital. Nos hicimos muy buenos amigos de ella y de su familia. Y cuando Gabby murió, ella también murió”.

El último retrato es de su difunta hermana, que también falleció por problemas de salud. 

“La historia era muy a puerta cerrada. Hasta los dueños de La Chiquita me llamaban. Durante años y años, me llamaban y decían: ‘Oye, Héctor, la revista católica quiere poner el mural en su portada y quieren ponerse en contacto contigo’. Y yo les decía: ‘No; no quiero tener nada que ver ni hablar al respecto con la prensa. No quiero explicarle nada a nadie’. Lo hice para mí”.

El dueño del supermercado siempre fue comprensivo e incluso cuando hace poco una parte del mural fue rayada con graffiti, no dejó que nadie retocara la pintura.

El muralista ha superado ese capítulo difícil de su vida y ahora se encuentra mejor. “La vida sigue. Y he aprendido de todo lo que he pasado. Los retos que enfrenté ahora son los que me motivan a seguir adelante, porque vi lo precioso de la vida y no muchas personas tienen esa oportunidad”, dijo.

Foto por Jacqueline Serrato

González considera que es un círculo completo el que su actual pareja, su prometida Anna Murphy, quien también es muralista por mérito propio, le está ayudando con la renovación. Su gran amigo, el maestro de arte Grigor Eftimov, también le está ayudando.

La nueva versión del mural es mucho más colorida, con tonos rojos brillantes, verdes y dorados.

González tiene planeada una “bendición” del mural el 12 de diciembre, el día oficial de La Virgen de Guadalupe, a las 10 de la mañana, acompañado por mariachi, como toda una serenata y ofrenda musical a la Virgen Morena.

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Jacqueline Serrato es la editora-en-jefe del Weekly.

1 Comment

  1. Wow what a beautiful article and a beautiful mural. After seeing the mural so many times I’m happy to know who the artist is now and the story behind it. Glad he was able to restore it and himself.

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